Los derechos del niño
Con objeto de no coincidir con la convocatoria a las urnas, este año la jornada de los “Derechos del niño” se celebra en nuestro país el día 21 de noviembre, jornada que anualmente convoca el Consejo de la Infancia.
Hace escasas fechas, precisamente acompañando a uno de mis preciosos once nietos, leía en la pared de un consultorio médico de SACYL un simpático mural de una firma comercial, predicando estos derechos, acompañando a cada enunciado una expresiva viñeta. Auténtico decálogo de las necesidades y derechos del niño: igualdad, protección, identidad y nacionalidad, casa, alimento y atención sanitaria, educación y atención al disminuido, amor de los padres y de la sociedad, juego, primacía en recibir ayuda, protección contra abandono y explotación, solidaridad y comprensión y justicia entre la población.
Justa y necesaria jornada reivindicativa del niño y sus derechos, celebración que debería darse todos y cada uno de los 365 día del año, pues los niños son vida de los pueblos alegría de las familias, esperanza de la sociedad, más en esta España que se está convirtiendo en un país de viejos, pues las condiciones económicas, el materialismo, el egoísmo, la falta de expectativas y el ritmo de la vida hacen que nuestra tasa de natalidad sea alarmantemente regresiva, mientras que, gracias a Dios, la expectativa de vida se alarga y nuestros ancianos cada vez llegan a mayores y en mejores condiciones de salud corporal y mental.
Sin embargo todo este plausible panorama de aparente mirada de ternura y complacencia hacia el más débil, el niño, a mí me parece un poco teatral, ficticio, casi cómico y hasta diría que cínico, cuando se da en un país que tiene legislado el aborto voluntario, es decir donde es legal matar a esa vida que ya late en el vientre materno.
Hablamos de un decálogo de derechos del niño, sin basarlos en el primero, básico y necesario para que se den todos los demás.
¿No es auténtico cinismo que mientras decimos que la mujer puede hacer con su cuerpo lo que le venga en gana, en la práctica eliminar cuando y cómo desee a ese niño al que ha dado vida, celebremos el Día de “sus” derechos?
¿No es frívolo que un país en que “legalmente” cada año se mata a 125.000 niños (cifra reconocida) se celebre oficialmente la jornada de los derechos de la infancia?
En cualquier caso es bueno y positivo que al menos un día al año pensemos en nuestra infancia, que es garantía de nuestro mañana.
El desfile
Un año más el 12 de octubre se celebró nuestra Fiesta Nacional, sin aludir, por supuesto a la referida a tauromaquia así llamada y así conocida en el mundo entero, aunque defenestrada en esa parte de España, la nación catalana, en la que tantos símbolos nacionales son marginados, mientras el gobierno de España mira hacia otro lado, idioma, himno, bandera, incluso lo que de símbolo tienen los toros, aunque éstos no siempre ni todos, que sí se explayan con los “bous embolats”; la penúltima entrega de este folletín catalanista o antiespañol, ha sido la ausencia del President en el desfile de nuestras Fuerzas Armadas en la capital del reino.. .
Un año más España entera, salvo los independentistas de siempre, ha celebrado el emotivo desfile con el que homenajea a sus hoy muy respetadas y queridas Fuerzas Armadas, más apreciadas desde que Aznar legisló un Ejército Profesional en el que no tuvieran que pasar nuestros mozos dos años de su vida interrumpiendo trabajo y estudios, y en el que además de garantizar la soberanía e independencia patria y defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional, colabora en mantener el orden y conseguir la democracia en otros países, a veces a costa de sacrificios, sangre y vida de nuestros soldados.
Debo manifestar mi emoción presenciando el, aunque algo mermado por la sensible crisis, vibrante desfile de nuestro ejército de tierra, mar y aire y las fuerzas de orden público, que durante algo menos de dos horas recibieron el calor y el respeto de los españoles. Tal vez cuando algunas unidades más significadas en las misiones externas hacían redoblar aplausos, pensando en ministros que manifiestan su separatismo, pensase aquellas palabras que mereció “mío Cid” “Dios que buen vasallo, si hobiera buen señor”, que tanto merecen estas mujeres y hombres que dan “todo por la Patria” y tienen por lema “Disciplina es mi sola grandeza”.
Sentada, pues, mi admiración y afecto hacia esas Fuerzas Armadas, atención que me ha alcanzado diversos premios y distinciones, y no creyendo la posibilidad de tacharme de fobia alguna hacia estas fuerzas hoy valorada en la cúspide de nuestras instituciones, puedo opinar y opino que no me pareció oportuno celebrar tan costoso evento, en estos momentos de cruel crisis que vuela sobre todos, pero se agarra con fiereza en los menos favorecidos, en los parados cuasi permanentes, pensionistas congelados , hipotecados con amenaza de desahucio, hogares privados de ayudas sociales.
Que cuando sobrevolaban nuestras cabezas esas escuadrillas tan milimétricamente alineadas, tan arriesgadamente juntas, dejando sobre los cielos madrileños la estela con los colores de la enseña patria, se me ponía mi escaso cabello como escarpias, pero al tiempo pensaba en los millones que poner en marcha esos motores había supuesto. Tal vez, aunque no lo creo asi, este gasto suponga el “chocolate del loro” de los grandes presupuestos estatales, pero habría sido un detalle para el españolito medio, que anda angustiado viendo pasar los días en pobreza y amenazas de tiempos peores.
Estoy seguro de que quienes primero lo hubieran deseado y comprendido son los propios profesionales de estas abnegadas y sufridas fuerzas que recibían el merecido homenaje de unas horas de protagonismo, unos minutos de aplauso, pues bien saben ellos que España toda sabe bien de su entrega y esfuerzo.
Creo que toda España, también ellos, o ellos los primeros, habrían visto de buen grado que este año la austeridad que obligadamente, incluso programada desde órganos externos, tenemos que programar y mantener, hubiese aconsejado recordar su meritoria y necesaria ejecutoria, conmemorando su Fiesta, la Fiesta de las Fuerzas Armadas, la Fiesta de todos, la Fiesta Nacional, pero, como se hace en las economías hogareñas, reduciendo gastos , agradables, sí, pero no tan perentorios, como esas ayudas sociales de supervivencia, esos cortes en sanidad, esas mermas en educación, ese aquilatar en infraestructuras, esos tijeretazos en escasos sueldos, en pobres pensiones, en imprescindibles servicios sociales…
Tan emotivo y significativo hubiera sido el, éste si, espléndido y vibrante, acto de homenaje de la nación, representada por monarquía y gobierno, a los caídos en las contiendas y cataclismos y las víctimas de actos de terrorismo.
Tal vez el gesto, aparte de evitar una nada despreciable cifra de gasto, hubiera supuesto el beneplácito de todos, de quienes somos admiradores de gente tan abnegada y de quienes todavía no han calado en su grado de generosidad y exacto cumplimiento de tan altas tareas y misiones.
Me fue muy grato constatar el grado de españolismo que hoy, anecdótica y curiosamente tal vez desde los triunfos de nuestra selección nacional de fútbol, “la roja” , las banderas nacionales han “salido del armario” y es normal verlas por la calle, en el metro, en los bares, en vehículos…ha sido como un descorrer el rancio velo de nuestras inhibiciones y sacar el españolismo que llevamos dentro, y que no se puede reducir al epidérmico, aunque vibrante y digno, desfile de los soldados por las avenidas madrileñas de Prado, Colón o Recoletos.
Paga éste…
Al levantarme esta mañana, mientras hacía mis habituales estiramientos, por la ventana vi que amanecía un espléndido día, de esos que en un bar rezaba “Hoy hace un día maravilloso, verás como alguien viene y lo jode”, y efectivamente, por la radio oí la noticia que me fastidió tan prometedora jornada: un diputado de Granada había pagado con la tarjeta “oficial” unas “chuches” por valor de 1,70 euros.
Por supuesto que más me hubiera afectado si el desvergonzado hubiese sido de los de cientos de millones a los que tan acostumbrados nos tienen algunos, varios o muchos de nuestros políticos, pero precisamente aunque sinvergüenza ya tenemos, y no importe la cuantía, parece más “pringado” que hasta para pipas o golosinas utilice esa tarjeta que se supone sólo, y ya es discriminatorio privilegio, para gastos relacionados con su puesto político. De que te llamen “chorizo”, y lo seas, al menos llévate millones, como esos directivos del Banco al que el Estado hubo de aportar buena ayuda por su falta de liquidez.
Ello me trajo a la memoria aquel otro caso en que pasé auténtica vergüenza ajena, por otro parlamentario, así mismo de IU, que estas siglas pueden ser mera coincidencia, pues en todos los sitios “políticos” cuecen habas “fétidas”, contemplando cómo se enredaba, contradecía y negaba infantilóidemente, el diputado que quiso pagar con la tarjeta oficial al taxista su carrera con el ligue a un hotel, que a buen seguro también pasaría el cargo a la “oficial” tarjeta plástica. Posiblemente también cobrase por tan bochornosa entrevista en la caja tonta.
Yo me pregunto ¿de veras estos representantes de la voluntad y la opinión ciudadana se creerán con derecho a tanto privilegio?, o la avaricia humana les ciega y no ven que ya les separan bastantes desigualdades y privilegios que la ciudadanía ni ha votado ni ve lógico ni justo. No les parece suficiente el buen sueldo, viajes gratis, coche oficial, gastos de representación, y dietas por asistir a su lugar de trabajo, donde a menudo faltan, se quitan la palabra o insultan y alborotan, o…dormitan beatíficamente, como si lo tratado no va con ellos.
Entiendo que precisamente por ser quienes hacen las leyes y obligan a su cumplimiento son quienes debieran dar ejemplo, primero adjudicándose sueldos razonables, después ajustándose a lo acordado, y desde luego abriendo caminos de austeridad, y más en tiempos de crisis, incluso de la que ellos puedan tener alguna culpa o responsabilidad, que con el pueblo no cuentan para elaborar presupuestos, pero luego sí lo responsabilizan para su ajuste o reducción.
Si tan mal pagados están que hasta el taxi con la querida o la bolsa de chuches han de pasar por la tarjeta “oficial”, si tienen dificultades para llegar a fin de mes, yo que soy sensible y me pongo en el puesto de quienes sufren, voto porque les suben el sueldo, las primas, las dietas, pero que no tengan que acudir a tan deprimentes acciones, pues viéndonos en ellos representados sufrimos sofocos de vergüenza, pues se ven forzados a pasar por gorrones y decir “paga éste”, el ciudadano, tú y yo…Que les suban, que les dupliquen sus “escasas” remuneraciones, pero que les quiten esas tarjetas, dinero de plástico que no saben administrar.
Esta vez ha sido en la bella Granada, en la Andalucía ahíta de soles y mar en que junto a naranjos y limoneros, geranios y jazmines brotan políticos aficionados al pelotazo, pero pueden aparecer, y brotan espontáneos como las setas, en cualquier rincón del mapa hispano. Tal vez por pagar con tarjeta “oficial” no se enteren del precio de un café, del metro, o de horas de conversación al móvil…
Ya lo dice la jota castellana: “Si algunos ricos supieran (poned políticos en vez de ricos, que puede ser equivalente)/ lo que cuesta trabajar/ no abusarían del pobre, / ni tampoco del jornal…” Ni quizá se metieran en tanto pleito si pagasen ellos las costas; ni tendrían tanto “liberado” en su nómina de empleados; ni viajarían tanto si pagasen su gasolina o su billete, aquilatarían más y vigilarían mejor si los “patronatos” fuesen a sus expensas no con fondos comunales, ni tendrían alguno de éstos que más que una ayuda o alivio son un lastre, como el niño tonto del consistorio.
Y es que, no sé si la clase política es de flaca voluntad y cae en la tentación del fraude, el pelotazo o la distracción de fondos, o es que el ser humano tiende a adjudicarse lo que tiene a mano, como ya no se repasan en las escuelas los mandamientos del Decálogo, en que el décimo rezaba “no codiciar los bienes ajenos”.
Lo dicho, pon otra ronda, y pon de estos pinchos, y otra ración de éstas…, pásalo por la tarjeta “oficial”, que PAGA ÉSTE…
El Mariquelo recordó a Segovia desde el cupulín de la torrre catedralicia de Salamanca
No sé si como virtud o vicio, “o todo lo contrario”, me encantan las tradiciones, y disfruto cuando el pueblo celebra esos actos religiosos o profanos, festivos o luctuosos, que nuestros ancestros tuvieron por costumbre; me entusiasman esos “castellets” de hasta seis pisos, catalanes, el “pero palo” extremeño, las luchas de “Moros y cristianos” en todo el Levante (conozco los de Denia), la “Pinochada” de Vinuesa (Soria), acudo a los encierros taurinos, incluso, confieso con rubor que hasta me gusta, aunque lo prohibiría, el “Toro de la Vega” en Tordesillas, y por supuesto me lo paso como un enano en las fiestas de las Alcaldesas de Zamarramala, los Cirios en Santa Mª la Real de Nieva, las Mojadas de Caballar, el rito de las tres vueltas en torno al altar para que San Frutos alivie el mal de hernia o lumbago… , o todas y cada romería de nuestros pueblos.
Tenía ganas de ver “in situ” la tradición charra del “Mariquelo”, y en verdad que veo justificada la riada humana que en la salmantina Plaza de Anaya se congrega para ver, boquiabiertos y acongojados, la arriesgada escalada de Ángel Rufino de Haro hasta el cupulín de la torre catedralicia. Había gente de las más diversas y lejanas procedencias, pues junto a los falleros valencianos, los rumberos andaluces, grupos vascos y, por supuesto, la representación de Segovia, que cada año devuelve visita a este “Mariquelo” que da brillo a las fiestas de El Espinar y sus gabarreros, había gente llegada de la cercana Portugal, de Francia e incluso de Brasil y el Japón. Esta amplia explanada de la ciudad del “Omnium scientiarum princeps Salmantica docet”, a diario ocupada por la oleada estudiantil, amanecía abigarrada de gentes diversas, vecinos y visitantes.
Data la costumbre de esta arriesgada ascensión, del lamentable terremoto que aquel fatídico 31 de octubre de 1755, que con epicentro en Lisboa y una intensidad 9 en la escala de Richter, conmocionó tierras de varios cientos de kilómetros de distancia, notándose en toda Salamanca, cuya población acudió a cobijarse en la Catedral, cuya torre se desvió de la vertical, efecto que así mismo sufrió la misma Giralda sevillana.
“Sintieron que la tierra temblaba bajo sus pies…, abriéronse las calles y plazas públicas con remolinos de llamas y cenizas…Treinta mil habitantes (lisboetas) quedaron sepultados entre las ruinas de aquella opulenta ciudad”.
Ángel Rufino de Haro “El Mariquelo” en tiempos del lamentable movimiento sísmico vivía en la catedral, pues su familia “Los Mariquelos” eran los encargados de dar .los distintos toques de esas campanas, entre las que la María de la O, reta a quienes no crean sus toneladas de peso, y escrito lo tiene en su broncíneo cuerpo, “a cogerla a pulso”…, y bien sabían si eran toque de alegría o luto, si el difunto era varón o hembra, niño o adulto…
Cumple con este rito el edicto que el día del temblor de tierra promulgó el cabildo catedralicio, de todos los años en esa fecha, escalar por el exterior un hombre para dar gracias a Dios de que no hubo mayor daño, al tiempo que medir la inclinación de la torre, que este año era correcta, aunque en anteriores ocasiones ha habido de apuntalarse…
El evento tiene su parafernalia y rito secuencial, llegando Rufino en coche de dos caballos enjaezados, con cochero vestido a la andaluza usanza, abriéndose paso entre aplausos, saludos, fotos y entrevistas de la multitud que llena la Plaza. Se va acercando al templo, subiendo los primeros tramos por el interior, asomándose en cada planta para saludar e ir dando gracias a Dios por preservar a la población charra de tan funestas consecuencias, al tiempo que lanza al aire cientos de papelines con mensajes de paz y buenos deseos.
Cuando llega al último tramo, sale al exterior y, subido a la barandilla, saluda y agradece a quienes le animan y acompañan, así a sus amigos toreros, entre los se encontraba “Su majestad” el Viti, a los diferentes grupos folclóricos, y tuvo un especial muy emotivo recuerdo para los segovianos Juan José Cid “Zapatones” y su grupo que desde la primera edición le han acompañado.
Asciende hasta la cima del cupulín ataviado con el traje regional charro y cargado con su flauta y tamboril, con los que interpreta desde allí su propia “charrada”, terminando su arriesgado periplo con un emocionado colectivo Padrenuestro de acción de gracias y “Siempre con nivel y de límite el Cielo, siempre adelante en esfuerzo constante y a cumplir otros veinticinco años más, si Dios lo quiere”.
Es anecdótico que precisamente el día anterior a ese extranjerizante Halloween que está colándose en nuestras tradicionales celebraciones impregnadas de respeto y profundos recuerdos para nuestros deudos fallecidos, se manifieste tan singular muestra del más arraigado folclore y nuestras peculiares tradiciones.
No podemos dejar que las costumbres foráneas marginen lo más nuestro, como ese árbol de Navidad que sustituya al tradicional belén, el gordinflón y coloradote Papa Noel en vez de los Reyes Magos, o este pseudo carnaval que nosotros celebramos con todo el rito de disfraces, aleluyas, charangas, domingos “gordo” y de “piñata” y hasta el entierro de la sardina y esa lucha entre don carnal y doña cuaresma…que da paso al tiempo de la semana de dolor, devociones y procesiones que comienza con el tradicional Miércoles de Ceniza y la imposición de la ceniza.
Muchas gracias por esa manifestación anticatólica
Cuando quien suscribe este titular se manifiesta católico practicante, al menos exige una explicación, y es que, como afirma el dicho popular “Dios escribe derecho con renglones torcidos”, y yo entiendo que la manifestación antirreligiosa, anticlerical, anticatólica de esas docenas de voceros del odio y el fundamentalismo más trasnochado y salvaje, poco o nada sirvieron a ese antitodo que gritaban, pues quien más y quien menos lo comparó con la que millones de españoles en orden, silencio y serenidad defendieron el derecho a nacer, aquel manifiesto nacional contra el aborto libre y voluntario.
Los tibios, los que no son ateos, pero tampoco manifiestan abiertamente su religiosidad, viendo tal cúmulo de agresividad gratuita, de insultos graves, de soeces blasfemias, de amenazas de volver al pasado en que el totalitarismo ateo incendiaba templos y agredía a personas consagradas al culto eclesial, seguro que tomó decisiones partidarias del catolicismo, que sin ser bobalicón de poner la otra mejilla para que le propinen el segundo bofetón, sí perdona y hasta ama, que Jesús decía que amar al amigo no tiene mérito, que hay que amar al que nos ofende.
El católico pide tener el crucifijo en las aulas, juzgados, hospitales, por tener el consuelo del Cristo amor universal, sin obligar a nada ni a nadie, mientras los agresivos manifestantes exigen su retirada obligando a los creyentes a esta ausencia; los católicos piden conservar esas capillas donde dar gracias y pedir mercedes al Dios en que creen y esperan, sin obligar a nada ni a nadie, mientras los intransigentes voceros obligan a su cierre, quitando a los creyentes tales ratos de apacible rezo por todos, también por los descreídos; los manifestantes blasfemaban hiriendo los más profundos sentimientos de quienes para nada se meten con ellos, mientras los católicos sí se acordaban de las madres de estos salvajes, pero para tenerlas lástima por haber engendrado tales seres hechos de rencor y egoísmo…
Dieron tal serial de aberraciones, agravios, insultos, amenazas y totalitarismos, que al más laicista le moverían a rezar por ellos. Si Cristo en la Cruz, esa que tanto daño hace a la vista de estos soeces voceros, perdonaba porque “no sabían lo que hacían”, nosotros, aunque lamentando y doliendo profundamente tan bestiales blasfemias contra nuestra y “su” Madre, de la que decían que “también folló” y que Ella “también habría abortado”, recordamos que sólo dijo aceptando la voluntad divina “Hágase en mí según tu palabra”, y aunque el cuerpo nos pedía acordarnos de la suya terrenal no precisamente para piropearla, acudíamos a nuestra doctrina católica y perdonando “las adversidades y flaquezas del prójimo”, que estos energúmenos también lo son, los perdonábamos y, con mucho esfuerzo, les amábamos.
Gracias por haber sido tan exuberantes en la agresión, la amenaza y el insulto, porque con enemigos así la religión no necesita predicadores ni misioneros, os definisteis.
Fija, limpia y ¿da esplendor?
Atractivo y “justo y necesario” aparece el lema de la Real Academia Española de la Lengua, que con sus tres funciones en defensa de nuestro rico y bonito idioma, por otra parte tan acosado por la pasota indiferencia de la juventud, la inconsciencia o malquerencia de algunos políticos nacionalistas, y aun la permisividad gubernamental, y la contemplativa torpeza de profesionales, pelea por mantenerse en los puestos de cabeza de la utilización idiomática universal.
Cuando allá por el 1714 Felipe V fundaba la RAE lo hacía para preservar, delimitar, fijar y enriquecer nuestra lengua, por lo que prontamente se publicaron la Gramática y el Diccionario de la Lengua Castellana.
Posteriormente con la creación de las Academias Hispanoamericanas se amplia esta acción de limpieza conservación ý expansión de nuestra habla, que en ocasiones precisan y definen más minuciosamente la acepción de nuestras expresiones, como por ejemplo cuando utilizan la palabra “golpiza” en vez de paliza, pues ésta sería agresión a golpes en general, mientras nuestro vocablo “paliza”, que empleamos para agresión a golpes, más parecería concretar en pelea con palos…
El lema dice bien a las claras el noble oficio de la RAE, “FIJA, LIMPIA Y DA ESPLENDOR”…
Sin embargo esta desidia que aprecio en el pueblo y en los más directos responsables, tantas veces basado en una disimulada demagogia, interpretando que la Academia en su función de “fijar”, y olvidando que también ha de “limpiar”, dicen los académicos que el habla es organismo vivo y, por ello, ha de evolucionar y caminar con el pueblo hablante, haciendo la Institución de notaria de la realidad, aceptando lo que el pueblo usa, lo que en realidad habla…
Parece que la Academia intenta evitar el mal uso de palabras, para lo que en vez de señalar a quienes utilizan mal el idioma, en vez de adaptar al hablante, reducen normas y excepciones para que haya menos incorrecciones, adaptando el habla al usuario; es decir, igualando a todos los usuarios de nuestro idioma, pero por lo bajo, en lugar de exigir un nivel más elevado.
A mí, modestamente y con los debidos respetos para tan noble función y loable entidad, me parece un dislate, por ejemplo, quitar esa tilde diacrítica tan expresiva en nuestros textos, como por ejemplo en el manido caso del “café solo”, que por sí indica si es adverbio o adjetivo, si nos referimos a tomarlo en soledad, sin compañía, o es que lo preferimos sin leche…Aquí en vez de fijar o concretar, lo que se consigue es un despiste y confusionismo. Aquí conviene recordar el chiste del pusilánime que pide un café, y el camarero pregunta ¿“solo”?, y el tímido responde, ”bueno, póngame dos”….
Con tanta concesión a la vulgaridad se está llegando a que por medio del idioma nos entendamos sí, como cualquier primitivo se entiende, pero se está perdiendo la corrección, la elegancia y la expresividad del lenguaje, y con ello el disfrute de su idónea utilización.
Recientemente en un programa radiofónico escuché cómo un profesional respondía a preguntas de Lengua, y ante la de si era correcta la expresión “muy mucho”, decía que sí, que era mejor no usarla, pero que la Academia la permitía. Pues para este viaje no se necesitaba tanta alforja, porque entiendo que es una crasa reiteración ya que para ampliar el sentido del adverbio de cantidad mucho existe el superlativo muchísimo…
Y tras otras, entre ellas ir convirtiendo un verbo (que no recuerdo) de reflexivo en transitivo, lo remataba respondiendo que la Academia admite, juntas y revueltas, las formas “debe” y “debe de” sin diferenciar si expresan deber (obligación) o duda. Así si escucho “debe ser militar” o “debe de ser militar” no distingo si el hablante, dada la vestimenta del interfecto, sospecha que sea militar, o es que pretende que siga la tradición familiar castrense…
Cualquier día de éstos (yo sigo poniendo el acento para distinguir pronombre) la casa del bien hablar acepta el generalizado “detrás mío” o “delante tuya”, confundiendo adverbios de lugar con adjetivos posesivos…
Opino que la Academia está restringiendo normas, popularizando nuestra bella y rica Lengua, dejando de fijar y de limpiar y, por supuesto, de “dar esplendor”.
Hablemos de solidaridad
Aunque el término “solidaridad” técnicamente signifique hacer bloque con alguien que tiene obligación o responsabilidad, unirse, en la convivencia ciudadana normal lo empleamos como inclinación a resolver las dificultades del prójimo, del “próximo”, del que Dios quiere que amemos como a nosotros mismos, porque Él así nos ama.
La solidaridad está a caballo entre la caridad y la justicia; la caridad se regala y puede pedirse, la justicia se cumple y debe exigirse. Jesús dijo a sus discípulos: “coged todos vuestros bienes, dadlos a los necesitados y seguidme”.
Y así lo hicieron, y así siguen los fieles, si no dando todos sus bienes, que la vida ha cambiado, y la sociedad se ha parcelado en hogares y familias, cada una con sus necesidades, ingresos y gastos, bienes y pertenencias, sí repartiendo con los demás bienes materiales, tiempo preocupación y sentimientos, solidarizándose con las dificultades del prójimo. Esto lo saben bien los necesitados de pan, compañía o conseja, que no se colocan a las puertas de ricos y poderosos, ni en las verjas de palacios, ni en las sedes de partidos políticos, ni en los centros sindicales, que tienden sus huesudas manos o cuentan sus problemas en la entrada de las iglesias.
Debe saber la sociedad, y muy especialmente quienes sin conocer ni frecuentar la Iglesia, la critican hablando mal de los curas a los que achacan imaginadas opulencias, y a los fieles de los que opinan que “mucho rezar y comulgar”, pero ignoran a los pobres, que cuando los católicos ponemos la crucecita en nuestro impreso de declaración de la renta y en la de “para otros fines sociales”, ambas repercuten en los necesitados, pues lo que se da a la Iglesia repercute en los pobres vía Cáritas, como en gran parte van esos donativos, colectas, suscripciones y estipendios con que los fieles sostenemos a la Iglesia, que siendo la Iglesia de todos, siendo los pobres ese hijo pródigo que acapara mayor atención, el de preferida preocupación, a ellos va la mayor parte.
El Sr. Obispo de Segovia ha sugerido a los sacerdotes de la diócesis que dejen los “diezmos” de sus escuálidas nóminas para los más necesitados, llamada a la que han respondido masivamente.
Hasta aquí hemos hablado de la caridad, del voluntario reparto de bienes materiales y espirituales, pero la sociedad debe exigir una mejor distribución de los bienes, obligando por ley a que esas insultantes fortunas, a veces de dudosa honesta adquisición, de esos capitales, lujos y derroches inmorales cuando el mundo todo sufre crisis y muchos mueren de inanición y miseria. Esos deportistas, cantantes, artistas, políticos, banqueros, o “exhibicionistas” que por desnudar sus sentimientos y sus cuerpos van de exclusiva millonaria en exclusiva…, a esos no hay que implorar limosna, hay que exigir justo reparto, y para ello la Hacienda “que somos todos”, que sabe hasta el color de nuestra lencería y la hora en que vamos al retrete, la que reiteradamente cobra al pobre que con restricciones y sacrificios intenta hacer algún ahorrillo, tiene que imponer mayor porcentaje de contribución a esta sociedad de la que ostentosamente disfrutan.
Cuando se hunde un barco todos los pasajeros van al agua, aunque unos lo hagan desde los pasillos y otros desde camarotes de lujo, así cuando la crisis es general, todos hemos de sufrirla e intentar remediarla, aunque unos sufran para llegar a últimos de mes, pagar la hipoteca o adquirir biberón y pañales para los nenes, y otros penen porque no logran el último modelo de yate, haya quedado unos meses anticuado su automóvil, tengan que reducir unas fechas de su veraneo en paradisíacas islas, se les ponga más difícil su puja por el último Picasso descubierto o hayan acudido algunos cientos más a la fiesta de su rival en ostentación…
Validación médica
Aunque no sea exclusivo del colectivo médico, ni aun siquiera reciente, que el cuerpo docente viene años “aggiornándose”, aparte de las preceptivas visitas e informes de la Inspección y la exhaustiva constatación burocrática, por la realización de periódicos cursillos y ciclos pedagógicos y de especialización y puesta al día, y hace ya muchos años que la Administración convoca a los profesionales a centros de actualización, es de agradecer, sin embargo, que los galenos, de cuya especial importancia social todos sabemos, pongan interés en su constante puesta al día.
Bien sabemos que la misión médica es la de, si no evitar la muerte que sabemos segura, aunque no cómo, dónde ni cuando, pero sí retrasarla, y alargar la vida dando el mayor grado de bienestar, que hoy la salud no es sólo ausencia de dolor o enfermedad, sino el mejor estadio de bienestar, lo que llamamos salud social.
Por lo dicho es claro que el médico está para dar vida, nunca para quitarla.
No cabe en la deontología médica intervenir en una muerte premeditada y voluntaria, por lo que se entiende al colectivo como antiabortista, aunque no falte algún nefasto “Dr. Muerte” que haga de la muerte voluntaria negocio y profesión.
En el pretexto más confuso que proponen los defensores del aborto, el de malformación del feto, los médicos intentarán paliar tales daños, pero nunca cortar esa vida que ya tiene el embrión, el feto o el niño en sus diferentes estadios de la evolución humana dentro del útero materno. Eso sólo debe quedar en el recuerdo histórico, de cuando los griegos al niño que nacía débil o malformado lo arrojaban por el Monte Taijeto. Si preguntasen a las madres de niños con malformaciones, deficiencias, limitaciones o síndromes si desearían dar marcha atrás y deshacerse del hijo, de esos que en definición tal vez algo cursi, pero tremendamente expresiva, “niños del doble amor”, porque dan y necesitan más cariño, pocas o ninguna abortarían.
Los Colegios de Médicos por esto tienen la obligación moral y deontológica ante este (des) Gobierno que incluso desde la incongruencia social de no ver que el país queda envejecido sin la esperanza y la alegría de nuevas generaciones, legisla una ley del aborto libre y voluntario, a pesar de la masiva denuncia social con millonarias manifestaciones pacíficas, pero rotundas, y miles de firmas recogidas en pro de la vida, reclamar para sus profesionales el derecho a declararse objetor de conciencia y no ser participes de esa cultura de muerte, de ese asesinato masivo de cientos de miles de niños cada año; esa sería la buena validación médica.
Si no concebimos al colectivo de bomberos provocando incendios o los guardias del tráfico conduciendo a velocidades excesivas o con elevada tasa de alcohol, menos podemos pensar en médicos cuyo juramento profesional es dar salud y vida, participando en un aborto voluntario. No se entiende un médico debidamente “validado”, con óptima condición intelectual, mental y física, si luego emplea su profesión en aniquilar vidas inocentes.
Tal vez aprovechando lo proclives que los políticos se muestran a dádivas y favores cuando atisban tiempos de elecciones, éstos que a cambio de votos condescienden con Banca, Sindicatos, autonomías que se pretenden “país” y “nació”, podrían solicitar la amnistía para estos ciento veinte mil nuevos ciudadanos que cada año son inmolados en las clínicas españolas, crímenes bendecidos por la legalidad de una ley no preguntada al pueblo, no consensuada, más bien desoyendo la autorizada voz de clase médica, justicia, Iglesia y pueblo que en masa dijo “sí a la vida”, “No al aborto”.
Esa sería una eficaz validación médica facilitada por los Colegios de Médicos, tramitar la objeción y negación del colectivo a matar, cortar vida libre, voluntaria y premeditadamente.
En la Comunitat Valenciana el nasciturus es persona
Sé que hablo mucho del escandaloso e hiriente tema del aborto, hoy legal y prácticamente libre, premeditada eliminación del niño, por la mujer sin contar con el marido ni, por supuesto, con el auténtico objeto y sujeto de tal barbarie, pero es que no entra en mi cabeza que un Gobierno legisle para matar, sobre todo cuando voy al parque con mis nietos y veo esos preciosos seres felices ellos y dando felicidad sin límite con sus risas y enfados, gestos y habla llena de encanto…
Qué poco dice del instinto maternal, de la ternura, de la feminidad de esas ministras que se felicitan por haber sacado adelante tal licencia para la matanza masiva de inocentes: 120.000 (declarados) al año…
Esto sin tener en cuenta la faceta socioeconómica, que nos lleva a pensar en un país sin nuevas generaciones, sin relevo para los pensionistas, que vamos hacia un país de viejos, sin el vigor, la alegría y la esperanza de la infancia.
Por esto hoy traigo un soplo de esperanza, el aire fresco de una noticia positiva, que esto sí que son de verdad los “brotes verdes”…La Comunitat Valenciana sí considera al nasciturus “persona humana”, a pesar de la ocurrente teoría de la miembra con cartera ministerial.
La Ley 6/2009 de “Protección a la Maternidad” establece que en el proceso de admisión de alumnos en centros docentes no universitarios mantenidos con fondos públicos: “Los alumnos cuya madre se encuentre en estado de gestación, se beneficiarán de una puntuación idéntica a la que obtendría si ya hubiera nacido su nuevo hermano, o hermanos en el caso de gestación múltiple”.
Como es lógico, natural y evidente, la Comunitat que sabe que sin más requisitos, operaciones ni trámites que el paso de unas semanas, ese embrión, o feto, verá la luz como niño o niña, persona humana, no sólo considera tal evidencia, sino que ya comienza a reconocerle derechos y misiones, siendo el primero el de nacer, pero además con lo que las madres dicen que trae el pan bajo el brazo, aquí porta los puntos de preferencia para elección de centro escolar de sus hermanos mayores; la Comunitat Valenciana ya cuenta con estos futuros alumnitos.
Hoy hablo de nuevo del estremecedor paso de legalizar la matanza masiva de inocentes, pero lo hago desde la emoción y la esperanza y el goce de que algún gobernante más humano con más sentimientos, y por supuesto con la valentía de ir contra corriente, ha dado el primer paso adelante en defensa de la vida de estos cientos de miles de “santos inocentes”; estoy totalmente convencido de que se irá volviendo a la llamada de la razón, y algún día, como ocurre con gobernantes que actuaron de forma totalitaria y fascistoide, tendrán algunos que pagar responsabilidades.
Buen deportista, pero sobre todo hombre honesto
Aunque no soy partidario de encomio para quien por hacer deporte, “jugar” con un peloto, por hábilmente que lo haga, obtenga (que no diré gana) tan pingües emolumentos, haré hoy excepción, como la hice en la retirada de D. Emilio Butragueño, en la marcha de D. Raúl González Blanco, de su Club madrileño. Me place ponerles el D. porque ambos son caballeros del deporte, que es precisamente, en la mesa y en el juego, donde se conoce al caballero…
Y no creo que nadie pueda tacharme de anti deportista, siendo Maestro Instructor de Educación Física, con diversos premios y títulos nacionales, varios diplomas, trofeos y campeonatos, pues debo mucho al deporte y me entusiasma verlo y practicarlo. No he vivido del deporte, pero sí en el deporte.
Lo que me apetece y como educador quiero resaltar, aprovechando la marcha de Raúl a un equipo germano, es su corrección y honestidad, más que su probada habilidad con el esférico.
Raúl es un hombre unánimemente admirado y querido, como en su tiempo lo fue, quien vistió su mismo número 7 del Real Madrid, Emilio Butragueño, y lo son, porque su prolongada vida deportiva, además de plena en sonados triunfos y ornada de bonitas jugadas, fue ejemplar, pues ejemplo es para futuros deportistas y para seguidores infantiles y juveniles, por su bravura y entrega, compañerismo, sencillez, por su deportiva trayectoria exenta de amonestaciones y tarjetas, su limpieza de juego, y sobre todo su saber separar la vida profesional llena de éxitos y densa en triunfos, títulos y trofeos, de su ejemplar vida privada, ajena a la chabacana, burda, y escandalosa tan frecuente en astros del deporte que no supieron asumir ni asimilar su empalago de popularidad, muchas veces burros cargados de euros que no saben valorar ni administrar.
Se habla mucho de los amoríos, fiestas, juergas, líos y exhibicionismo de tantos nombres que efímeramente suenan por pasajeros triunfos, se hacen programas televisivos, y proliferan revistas, comentando la depravada vida privada de alguno de estos “famosos”, pero al final, el tiempo borra tanto nombre popular y quedan los que fueron auténticos deportistas, que vivieron deportivamente y pudieron ponerse como ejemplo para los que inician su andadura por la senda del deporte.
Butragueño en muchas de sus entrevistas aludía al agradecimiento y buen recuerdo que guardaba para su Colegio y profesorado de los Agustinos, donde además de las primeras hábiles patadas al esférico, adquirió su educación para la vida.
Hoy Raúl marcha a otro club, pero deja aquí en “su” Real Madrid, un corazón prendado y agradecido, porque él aquí aprendió sus habilidades, su técnica personal, se forjó como futbolista, pero sobre todo aquí le inculcaron su honradez para dentro y fuera del estadio, su modo de ser y comportarse en el campo de juego y en el estadio de la vida.
Para los educadores, padres, maestros, entrenadores, o monitores juveniles, es un feliz hallazgo encontrar tan destacados deportistas y tan honestas personas como son esos números “7” del Real Madrid, Emilio Butragueño, al que deseamos continuado éxito en su gestión del club madrileño, y Raúl González Blanco, a quien deseamos feliz prolongación de vida deportiva en el nuevo equipo alemán, hasta que vuelva a “su” club de siempre para aportarle experiencia y bonhomía.
-
Recientes
- Los derechos del niño
- El desfile
- Paga éste…
- El Mariquelo recordó a Segovia desde el cupulín de la torrre catedralicia de Salamanca
- Muchas gracias por esa manifestación anticatólica
- Fija, limpia y ¿da esplendor?
- Hablemos de solidaridad
- Validación médica
- En la Comunitat Valenciana el nasciturus es persona
- Buen deportista, pero sobre todo hombre honesto
- De orden del ministro Rubalcaba: ¡multad
- Claro, conciso y concreto
-
Enlaces
