Una alternativa natural a la morfina: el problema del dolor humano
Como es sabido la morfina es un poderoso analgésico tremendamente útil para reducir el dolor pero que puede causar, a su vez, efectos secundarios negativos como estreñimiento severo baja presión sanguínea y dificultades respiratorias además de ser tremendamente adiptiva.
De ahí la importancia de la noticia que hace tiempo apareció en los medios de comunicación. Parece ser que un grupo de científicos han desarrollado un medicamento alternativo a la morfina basado en las proteínas que genera nuestro propio organismo para reducir el dolor. Estas proteínas llamadas enkefalinas, administradas junto a moléculas de glucosa, se unen a los receptores del dolor del cerebro y lo reducen de manera similar a como lo hace la morfina sin sus indeseables efectos. Además se descompone fácilmente en el cuerpo en forma de aminoácidos y azucares reduciendo considerablemente su toxicidad. Esto abre todo un panorama de esperanzas para mitigar o incluso solucionar el problema más acuciante que sufren los enfermos en su fase terminal: el dolor agudo.
Al mismo tiempo nos permite entrar de lleno en la convicción que comparten la inmensa mayoría de los profesionales de la medicina y que no es otra que la idea de que “hay que eliminar el sufrimiento humano, pero no al ser humano que sufre” que es precisamente lo que propugnan los defensores de la “eutanasia activa”.
Este descubrimiento es un argumento más a favor del desarrollo de la vía de los cuidados paliativos del enfermo que padece fuertes dolores o se encuentra en fase terminal: en la búsqueda de mayor calidad de vida en esos momentos en que debe respetarse escrupulosamente la dignidad del ser humano dándole la oportunidad de prepararse para la muerte o para una situación irreversible.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la eutanasia como aquella “acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”. Esta definición resalta la intención del acto médico, es decir, el querer provocar voluntariamente la muerte del otro. La eutanasia se puede realizar por acción directa: proporcionando una inyección letal al enfermo, o por acción indirecta: no proporcionando el soporte básico para la supervivencia del mismo. En ambos casos, la finalidad es la misma: acabar con una vida enferma.
“Todos queremos una buena muerte, sin que artificialmente nos alarguen la agonía, ni nos apliquen una tecnología o unos medios desproporcionados a la enfermedad. Pero, a la vez, una inmensa mayoría queremos un tratamiento eficaz contra el dolor, tener la ayuda necesaria y no ser abandonados por el médico y el equipo sanitario cuando la enfermedad sea incurable; queremos así mismo ser informados adecuadamente sobre la enfermedad, el pronóstico y los tratamientos de que dispone la medicina, que nos expliquen los datos en un lenguaje comprensible, y participar en las decisiones sobre lo que se nos va a hacer”. (1)
Si esto es tan evidente y generalizado ¿por qué esas campañas periódicas en las que, presentándonos un caso límite, se nos quiere convencer del “derecho” que asiste a una minoría escasísima de personas que pide que se acabe con sus vidas, como paso previo a la posterior introducción legal de la eutanasia activa.? ¿Por qué esas iniciativas parlamentarias, apoyadas sólo en un pretendido progresismo, solicitando su despenalización? La trascendencia del tema que nos ocupa no puede estar más clara.
Prueba de ello es la tremenda preocupación de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa que en su recomendación 1.418, aprobada el 25 de junio de 1999 pidió que se garantizase el acceso de los enfermos terminales a los cuidados paliativos y recordó que la eutanasia, aún voluntaria, contraviene el artículo 2 del Convenio Europeo de Derechos Humanos que afirma que “la muerte no puede ser inflingida intencionalmente a nadie”. Los 41 diputados exhortaban a los Gobiernos a mantener “la prohibición absoluta de poner fin intencionalmente a la vida de los enfermos incurables y de los moribundos”.
Esta preocupación es también compartida igualmente por gran cantidad de políticos de prestigio de nuestro país.Juan Alberto Belloch, Ex-Ministro de Justicia (1993-1996) en el último gobierno socialista, responde a la pregunta de la periodista Carla Fibla: ¿Qué es lo que personalmente le hace mostrarse tan reacio a la despenalización de la eutanasia?… “si está despenalizado practicar la eutanasia activa y directa, en determinados casos el riesgo es que el médico termine sustrayendo o suplantando la voluntad del paciente”… “Hay que pensar en el valor de la muerte, si se da o no un elemento de presión sobre los más débiles”. “Por arreglar una “injusticia” creamos un problema mayor”.
El “problema” al que alude tiene nombres y apellidos pues sólo en 1990 en Holanda se produjeron 1000 muertes por eutanasia involuntaria (es decir por decisión de los médicos, sin consentimiento del enfermo o la familia). Esas 1000 personas muertas son 1000 argumentos contundentes sobre la conveniencia de avanzar por la vía antes aludida: la de mitigar todo lo posible el dolor y la angustia a los enfermos al tiempo que respetamos su dignidad personal.
También los seres humanos débiles y enfermos son sujetos de pleno derecho y reclaman de nosotros respeto, piedad y verdadera solidaridad.
(1) Associació Catalana d’Estudis Bioètics
Los vestigios del Big Bang
Dos astrofísicos estadounidenses descubridores de los vestigios de ese momento primigenio del comienzo del Universo que denominamos “Big Bang”, han sido galardonados con el Nobel de Física.
En 1992 George F. Smoot, uno de ellos, poco después del descubrimiento de la radiación cósmica de fondo que suponía una prueba científica directa de dicha teoría del Big Bang, expresaba su descubrimiento con estas palabras: “lo que hemos encontrado es la prueba del origen del Universo. Es como mirar a Dios”
Es realmente gratificante contemplar la sencillez y entusiasmo con el que un científico auténtico expresa un logro importante en el camino del conocimiento del cosmos por parte del ser humano. Tras largos años de arduo trabajo de investigación, la recompensa obtenida colma con creces los esfuerzos empleados en su consecución y hace olvidar completamente los momentos de impaciencia, intenso cansancio o incertidumbre.
El trabajo profesional del ser humano, cuando se hace con ilusión y constancia siempre llena de alegría, aunque nos resulte costoso o se nos oculte por momentos su sentido trascendental. No sólo los grandes descubrimientos son de gran trascendencia para la humanidad. El trabajo bien hecho, en el lugar en que cada uno se encuentra influye de forma decisiva en el entorno en el que se desenvuelve nuestra vida, dejando, además, una honda huella en las personas que nos rodean por la emulación que propicia.
Las palabras del ahora premio Nobel antes mencionadas y lo que representan, tan habituales, por otro lado, en la sociedad americana, habría que repetírselas al oído a más de un político de nuestra querida nación española, tan preocupados por dejar claro su laicismo beligerante, que en el fondo no es más que un intento de imposición por la fuerza de un pensamiento contrario a lo religioso.
Cuando algunos, durante años, han querido utilizar la teoría del Big Bang para justificar su visión totalmente materialista del mundo y de la historia, un científico con “mirada limpia” después de realizar el descubrimiento clave que prueba su teoría sobre el origen del cosmos concluye: “es como mirar a Dios”. ¡Claro que no todos quieren ver o tienen turbada la mirada!
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