Cultura Solidaria

Hablemos de solidaridad

solidaridadcontigoAunque el término “solidaridad” técnicamente signifique hacer bloque con alguien que tiene obligación o responsabilidad, unirse, en la convivencia ciudadana normal lo empleamos como inclinación a resolver las dificultades del prójimo, del “próximo”, del que Dios quiere que amemos como a nosotros mismos, porque Él así nos ama.

La solidaridad está a caballo entre la caridad y la justicia; la caridad se regala y puede pedirse, la justicia se cumple y debe exigirse.

 Jesús dijo a sus discípulos: “coged todos vuestros bienes, dadlos a los necesitados y seguidme”.

 Y así lo hicieron, y así siguen los fieles, si no dando todos sus bienes, que la vida ha cambiado, y la sociedad se ha parcelado en hogares y familias, cada una con sus necesidades, ingresos y gastos, bienes y pertenencias, sí repartiendo con los demás bienes materiales, tiempo preocupación y sentimientos, solidarizándose con las dificultades del prójimo.  Esto lo saben bien los necesitados de pan, compañía o conseja, que no se colocan a las puertas de ricos y poderosos, ni en las verjas de palacios, ni en las sedes de partidos políticos,  ni en los centros sindicales, que tienden sus huesudas manos o cuentan sus problemas en la entrada de las iglesias.

Debe saber la sociedad, y muy especialmente quienes sin conocer ni frecuentar la Iglesia, la critican hablando mal de los curas a los que achacan imaginadas opulencias, y a los fieles de los que opinan que “mucho rezar y comulgar”, pero ignoran a los pobres, que cuando los católicos ponemos la crucecita en nuestro impreso de declaración de la renta y en la de “para otros fines sociales”, ambas repercuten en los necesitados, pues lo que se da a la Iglesia repercute en los pobres vía Cáritas, como en gran parte van esos donativos, colectas, suscripciones y estipendios con que los fieles sostenemos a la Iglesia, que siendo la Iglesia de todos, siendo los pobres ese hijo pródigo que acapara mayor atención, el de preferida preocupación, a ellos va la mayor parte.

El Sr. Obispo de Segovia ha sugerido a los sacerdotes de la diócesis que dejen los “diezmos” de sus escuálidas nóminas para los más necesitados, llamada a la que han respondido masivamente.

 Hasta aquí hemos hablado de la caridad, del voluntario reparto de bienes materiales y espirituales, pero la sociedad debe exigir una mejor distribución de los bienes, obligando por ley a que esas insultantes fortunas, a veces de dudosa honesta adquisición, de esos capitales, lujos y derroches inmorales cuando el mundo todo sufre crisis y muchos mueren de inanición y miseria. Esos deportistas, cantantes, artistas, políticos, banqueros, o “exhibicionistas” que por desnudar sus sentimientos y sus cuerpos van de exclusiva millonaria en exclusiva…, a esos no hay que implorar limosna, hay que exigir justo reparto, y para ello la Hacienda “que somos todos”, que sabe hasta el color de nuestra lencería y la hora en que vamos al retrete, la que reiteradamente cobra al pobre que con restricciones y sacrificios intenta hacer algún ahorrillo, tiene que imponer mayor porcentaje de contribución a esta sociedad de la que ostentosamente disfrutan.

Cuando se hunde un barco todos los pasajeros van al agua, aunque unos lo hagan desde los pasillos y otros desde camarotes de lujo, así cuando la crisis es general, todos hemos de sufrirla e intentar remediarla, aunque unos sufran para llegar a últimos de mes, pagar la hipoteca o adquirir biberón y pañales para los nenes, y otros penen porque no logran el último modelo de yate, haya quedado unos meses anticuado su automóvil,  tengan que reducir unas fechas de su veraneo en paradisíacas islas, se les ponga más difícil su puja por el último Picasso descubierto o hayan acudido algunos cientos más a la fiesta de su rival en ostentación… 

 

 

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abril 25, 2009 Posted by | Solidaridad | Deja un comentario

Nacionalidad catalana

turismo-egiptoSiempre he proclamado que el amor a mi tierra, donde nací, la ciudad del Pisuerga, o donde tengo mi hogar y mi vida, la monumental Segovia, me hacen castellano y por ello español..

Somos ciudadanos del mundo, cada uno de los seis mil millones que lo componemos, porque previamente somos de un continente y de una nación y de una provincia y localidad, no estando en oposición los amores, desde la aldea en que vemos la luz, al universo que nos acoge, y al que aportamos nuestra idiosincrasia. Lo que tampoco impide que sintamos la satisfacción personal, y sano orgullo, de tal naturaleza, pero sin exigir comparación con los demás. Son como círculos concéntricos que uno engloba al otro.

Es tan sencillo como decir que siendo español “puede serse” vasco, catalán, andaluz o castellano, pero siendo vasco, catalán o gallego, “ha de serse”, se es, español. De aquí nace precisamente lo utópico de querer hacer selecciones autonómicas deportivas (o de otra índole) con pretensiones de nacionalidad, pues cualquier comunidad autonómica está compuesta por españoles, y sería competir entre los mismos, que en la selección española podría haber alguno de esa autonomía, pero en ella todos serían españoles. Pueden, y se hace, competir entre las diversas (diecisiete) autonomías, pero no como nacionalidad, que esto sólo lo es la española.

Puede estarse satisfecho de la procedencia de cada uno: localidad, provincia, comunidad autonómica, país o continente, sin desdeñar al resto, y desde luego mucho menos sentirse sólo orgullosos del menor de los ámbitos, renunciando a entidades superiores, como es el caso de los exagerados nacionalismos.

Vascos y catalanes, y gallegos son españoles, precisamente porque han nacido en una de sus diversas comunidades autonómicas, como también son, por lo mismo, europeos, no pudiendo ser más vascos que españoles o europeos, porque lo uno conlleva lo otro. No vascos versus españoles, sino ambas condiciones, pues van intrínsecamente unidas.

Viajando por el país del Nilo y los Templos y las Pirámides, cuya cultura nos inyectaba un guía, admirable profesional y entrañable persona, -muchas gracias, Ahmed Kandil-, al darnos la ficha que por control de viajeros, máxime en un país policial por la constante amenaza del terrorismo, se ha de entregar, con los datos personales, entre los que figura la nacionalidad, o país de procedencia,  un individuo catalán puso nacionalidad catalana, en vez de española.

Kandil, advirtiendo el “error” le dijo que donde decía nacionalidad había de poner “española”. Tanto se cerró en banda el español de Cataluña en su interés por silenciar su españolidad, que Kandil le dijo: Bueno, pues vaya a la embajada catalana en El Cairo, y que le den un certificado de su nacionalidad catalana y lo pone.

Posiblemente, a lo largo de su estancia, el catalán comprobaría que en comercios, hoteles, bancos y demás centros de trato al visitante, y no digamos la nube de ambulantes vendedores de todo, egipcios y españoles pueden entenderse, pero el catalán que intencionadamente rechaza el privilegio del  bilingüismo lo tiene crudo.

abril 10, 2009 Posted by | Sociedad, Solidaridad | Deja un comentario