Cultura Solidaria

Nacionalidad catalana

turismo-egiptoSiempre he proclamado que el amor a mi tierra, donde nací, la ciudad del Pisuerga, o donde tengo mi hogar y mi vida, la monumental Segovia, me hacen castellano y por ello español..

Somos ciudadanos del mundo, cada uno de los seis mil millones que lo componemos, porque previamente somos de un continente y de una nación y de una provincia y localidad, no estando en oposición los amores, desde la aldea en que vemos la luz, al universo que nos acoge, y al que aportamos nuestra idiosincrasia. Lo que tampoco impide que sintamos la satisfacción personal, y sano orgullo, de tal naturaleza, pero sin exigir comparación con los demás. Son como círculos concéntricos que uno engloba al otro.

Es tan sencillo como decir que siendo español “puede serse” vasco, catalán, andaluz o castellano, pero siendo vasco, catalán o gallego, “ha de serse”, se es, español. De aquí nace precisamente lo utópico de querer hacer selecciones autonómicas deportivas (o de otra índole) con pretensiones de nacionalidad, pues cualquier comunidad autonómica está compuesta por españoles, y sería competir entre los mismos, que en la selección española podría haber alguno de esa autonomía, pero en ella todos serían españoles. Pueden, y se hace, competir entre las diversas (diecisiete) autonomías, pero no como nacionalidad, que esto sólo lo es la española.

Puede estarse satisfecho de la procedencia de cada uno: localidad, provincia, comunidad autonómica, país o continente, sin desdeñar al resto, y desde luego mucho menos sentirse sólo orgullosos del menor de los ámbitos, renunciando a entidades superiores, como es el caso de los exagerados nacionalismos.

Vascos y catalanes, y gallegos son españoles, precisamente porque han nacido en una de sus diversas comunidades autonómicas, como también son, por lo mismo, europeos, no pudiendo ser más vascos que españoles o europeos, porque lo uno conlleva lo otro. No vascos versus españoles, sino ambas condiciones, pues van intrínsecamente unidas.

Viajando por el país del Nilo y los Templos y las Pirámides, cuya cultura nos inyectaba un guía, admirable profesional y entrañable persona, -muchas gracias, Ahmed Kandil-, al darnos la ficha que por control de viajeros, máxime en un país policial por la constante amenaza del terrorismo, se ha de entregar, con los datos personales, entre los que figura la nacionalidad, o país de procedencia,  un individuo catalán puso nacionalidad catalana, en vez de española.

Kandil, advirtiendo el “error” le dijo que donde decía nacionalidad había de poner “española”. Tanto se cerró en banda el español de Cataluña en su interés por silenciar su españolidad, que Kandil le dijo: Bueno, pues vaya a la embajada catalana en El Cairo, y que le den un certificado de su nacionalidad catalana y lo pone.

Posiblemente, a lo largo de su estancia, el catalán comprobaría que en comercios, hoteles, bancos y demás centros de trato al visitante, y no digamos la nube de ambulantes vendedores de todo, egipcios y españoles pueden entenderse, pero el catalán que intencionadamente rechaza el privilegio del  bilingüismo lo tiene crudo.

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abril 10, 2009 - Posted by | Sociedad, Solidaridad

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