Cultura Solidaria

La cadena perpertua

Estamos hartos, está el país harto, está la sociedad toda sensibilizada, y se siente herida, agraviada, amenazada, mofada, incluso secuestrada, por estos personajillos inhumanos que delinquen una y otra vez, sin que el temporal y breve paso por las celdas carcelarias los mueva un ápice a la reflexión, el arrepentimiento y su definitiva reconducción. Ahí están campando por sus respetos “El Rafi”, que delito tras delito provoca a una justicia que no ha sabido darle el remedio adecuado para su reinserción social, o esos jóvenes homicidas, violadores de todo, que parecen disfrutar tergiversando testimonios y opiniones en los tribunales, que ante su chulería se rinden impotentes…

 Entiendo que el cuerpo les pida a esos padres heridos por el dolor y la impotencia, al ver gratuita y salvajemente agredidas, violadas y asesinadas a sus niñas, que la justicia aplique igual final y los mismos tormentos que estos delincuentes produjeron; Sin embargo bien sabemos los cristianos ante la petición de pena de muerte, de la fuerza del perdón, que redime al malhechor más que el látigo, da serenidad al que lo otorga, y desde luego no administramos vidas que sólo al Creador pertenecen.

 Es cierto que al conocer la biografía de estos seres antisociales, perversos e insensibles, uno piensa que la vida, la sociedad, el ambiente de sus días de infancia y formación, los inundó en la miseria, el delito, la violencia, la ausencia de toda norma, viendo solamente la depravación, el desorden, la razón de la fuerza en vez de la fuerza de la razón…, que la propia sociedad los amoldó y echó a esta senda de la delincuencia sin otras alternativas.
 Sin embargo hasta las fieras, unas veces con el látigo discriminadamente utilizado, otras con el oportuno premio se amansan y reconducen, que con un equilibrado sistema de sanción y recompensa, y siempre con el halago de lo justo, moral y ético, se mueve más que con el palo sólo.

Existe entre los límites de la inoperancia, de este entrar y salir sin castigo reformatorio, y la irreparable pena capital de la muerte, una estancia intemporal, una reclusión de por vida, en tanto no se vea claro y palpable ese arrepentimiento, ese pesar por el daño producido, y la intención de ayudar a la sociedad con una modélica conducta e incluso con la aportación de trabajo, ejemplo y hasta pregón de su convencida reinserción, una condena intermedia que conocemos como “cadena perpetua”, aunque no necesariamente se utilicen cadenas, ni forzosamente haya de ser de por vida…

La “cadena perpetua” así aplicada sería, al tiempo que expresión de lo racional de esta justicia que es “dura lex, sine lex,” pero aplicada a cada caso, ocasión de regeneración del delincuente, serenidad de allegados a las víctimas, garantía de orden y tranquilidad para la sociedad toda…

 No es esta condena propósito de revancha, sino ansia de justicia, no se pide la irreparable y vacua muerte, sino tiempo suficiente para que a uno y otro lado de las rejas, llegue el linimento del tiempo, la serenidad, las garantías y la posibilidad de reflexión y pruebas, de consejo y presentación de otros valores, ejemplos y vivencias. En toda sanción ha de prevalecer el sentido de enmienda más que el de castigo, como ocurre en educación, circulación vial, etc, por lo que tan baldío es esta breve y esporádica privación de libertad y correspondiente salida, como la irreparable privación de la vida en que sería imposible una nueva conducta.
Yo abogo por una “cadena perpetua” educativa y garante, ajustada a cada caso.

febrero 16, 2010 Posted by | Sociedad | Deja un comentario