Cultura Solidaria

Buen deportista, pero sobre todo hombre honesto

Aunque no soy partidario de encomio para quien por hacer deporte, “jugar” con un peloto, por hábilmente que lo haga, obtenga (que no diré gana) tan pingües emolumentos, haré hoy excepción, como la hice en la retirada de D. Emilio Butragueño, en la marcha de D. Raúl González Blanco, de su Club madrileño. Me place ponerles el D. porque ambos son caballeros del deporte, que es precisamente, en la mesa y en el juego, donde se conoce al caballero…

Y no creo que nadie pueda tacharme de anti deportista, siendo Maestro Instructor de Educación Física, con diversos premios y títulos nacionales, varios diplomas, trofeos y campeonatos, pues debo mucho al deporte y me entusiasma verlo y practicarlo. No he vivido del deporte, pero sí en el deporte.
 Lo que me apetece y como educador quiero resaltar, aprovechando la marcha de Raúl a un equipo germano, es su corrección y honestidad, más que su probada habilidad con el esférico.

 Raúl es un hombre unánimemente admirado y querido, como en su tiempo lo fue, quien vistió su mismo número 7 del Real Madrid, Emilio Butragueño, y lo son, porque su prolongada vida deportiva, además de plena en sonados triunfos y ornada de bonitas jugadas, fue ejemplar, pues ejemplo es para futuros deportistas y para seguidores infantiles y juveniles, por su bravura y entrega, compañerismo, sencillez, por su deportiva trayectoria exenta de amonestaciones y tarjetas, su limpieza de juego, y sobre todo su saber separar la vida profesional llena de éxitos y densa en triunfos, títulos y trofeos, de su ejemplar vida privada, ajena a la chabacana, burda, y escandalosa tan frecuente en astros del deporte que no supieron asumir ni asimilar su empalago de popularidad, muchas veces burros cargados de euros que no saben valorar ni administrar.

 Se habla mucho de los amoríos, fiestas, juergas, líos y exhibicionismo de tantos nombres que efímeramente suenan por pasajeros triunfos, se hacen programas televisivos, y proliferan revistas, comentando la depravada vida privada de alguno de estos “famosos”, pero al final, el tiempo borra tanto nombre popular y quedan los que fueron auténticos deportistas, que vivieron deportivamente y pudieron ponerse como ejemplo para los que inician su andadura por la senda del deporte.
 Butragueño en muchas de sus entrevistas aludía al agradecimiento y buen recuerdo que guardaba para su Colegio y profesorado de los Agustinos, donde además de las primeras hábiles patadas al esférico, adquirió su educación para la vida.

Hoy Raúl marcha a otro club, pero deja aquí en  “su” Real Madrid, un corazón prendado y agradecido, porque él aquí aprendió sus habilidades, su técnica personal, se forjó como futbolista, pero sobre todo aquí le inculcaron su honradez para dentro y fuera del estadio, su modo de ser y comportarse en el campo de juego y en el estadio de la vida.
 Para los educadores, padres, maestros, entrenadores, o monitores juveniles, es un feliz hallazgo encontrar tan destacados deportistas y tan honestas personas como son esos números “7” del Real Madrid, Emilio Butragueño, al que deseamos continuado éxito en su gestión del club madrileño,  y Raúl  González Blanco, a quien deseamos feliz prolongación de vida deportiva en el nuevo equipo alemán, hasta que vuelva a “su” club de siempre para aportarle experiencia y bonhomía.

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agosto 30, 2010 - Posted by | Sociedad, Solidaridad

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