Cultura Solidaria

El Mariquelo recordó a Segovia desde el cupulín de la torrre catedralicia de Salamanca

No sé si como virtud o vicio, “o todo lo contrario”, me encantan las tradiciones, y disfruto cuando el pueblo celebra esos actos religiosos o profanos, festivos o luctuosos, que nuestros ancestros tuvieron por costumbre; me entusiasman esos “castellets” de hasta seis pisos, catalanes, el “pero palo” extremeño, las luchas de “Moros y cristianos” en todo el Levante (conozco los de Denia), la “Pinochada” de Vinuesa (Soria), acudo a los encierros taurinos, incluso, confieso con rubor que hasta me gusta, aunque lo prohibiría, el “Toro de la Vega” en Tordesillas, y por supuesto me lo paso como un enano en las fiestas de las Alcaldesas de Zamarramala, los Cirios en Santa Mª la Real de Nieva, las Mojadas de Caballar, el rito de las tres vueltas en torno al  altar para que San Frutos alivie el mal de hernia o lumbago… , o todas y cada romería de nuestros pueblos.

 

Tenía ganas de ver “in situ” la tradición charra del “Mariquelo”, y en verdad que veo justificada la riada humana que en la salmantina Plaza de Anaya se congrega para ver, boquiabiertos y  acongojados, la arriesgada escalada de Ángel Rufino de Haro hasta el cupulín de la torre catedralicia. Había gente de las más diversas y lejanas procedencias, pues junto a los falleros valencianos, los rumberos andaluces, grupos vascos y, por supuesto, la representación de Segovia, que cada año devuelve visita a este “Mariquelo” que da brillo a las fiestas de El Espinar y sus gabarreros, había gente llegada de la cercana Portugal, de Francia e incluso de Brasil y el Japón. Esta amplia explanada de la ciudad del “Omnium scientiarum princeps Salmantica docet”, a diario ocupada por la oleada estudiantil, amanecía abigarrada de gentes diversas, vecinos y visitantes.

 

Data la costumbre de esta arriesgada ascensión, del lamentable terremoto que aquel fatídico 31 de octubre de 1755, que con epicentro en Lisboa y una intensidad 9 en la escala de Richter, conmocionó tierras de varios cientos de kilómetros de distancia, notándose en toda Salamanca, cuya población acudió a cobijarse en la Catedral, cuya torre se desvió de la vertical, efecto que así mismo sufrió la misma Giralda sevillana.
“Sintieron que la tierra temblaba bajo sus pies…, abriéronse las calles y plazas públicas con remolinos de llamas y cenizas…Treinta mil habitantes (lisboetas) quedaron sepultados entre las ruinas de aquella opulenta ciudad”.
Ángel Rufino de Haro “El Mariquelo” en tiempos del lamentable movimiento sísmico vivía en la catedral, pues su familia “Los Mariquelos” eran los encargados de dar .los distintos toques de esas campanas, entre las que la María de la O, reta a quienes no crean sus toneladas de peso, y escrito lo tiene en su broncíneo cuerpo, “a cogerla a pulso”…, y bien sabían si eran toque de alegría o luto, si el difunto era varón o hembra, niño o adulto…

 

Cumple con este rito el edicto que el día del temblor de tierra promulgó el cabildo catedralicio, de todos los años en esa fecha, escalar por el exterior un hombre para dar gracias a Dios de que no hubo mayor daño, al tiempo que medir la inclinación de la torre, que este año era correcta, aunque en anteriores ocasiones ha habido de apuntalarse…

 

El evento tiene su parafernalia y rito secuencial, llegando Rufino en coche de dos caballos enjaezados, con cochero vestido a la andaluza usanza, abriéndose paso entre aplausos, saludos, fotos y entrevistas de la multitud que llena la Plaza. Se va acercando al templo, subiendo los primeros tramos por el interior, asomándose en cada planta para saludar e ir dando gracias a Dios por preservar a la población charra de tan funestas consecuencias, al tiempo que lanza al aire cientos de papelines con mensajes de paz y buenos deseos.

 

Cuando llega al último tramo, sale al exterior y, subido a la barandilla, saluda y agradece a quienes le animan y acompañan, así a sus amigos toreros, entre los se encontraba “Su majestad” el Viti, a los diferentes grupos folclóricos, y tuvo un especial muy emotivo recuerdo  para los segovianos Juan José Cid “Zapatones” y su grupo que desde la primera edición le han acompañado.
Asciende hasta la cima del cupulín ataviado con el traje regional charro y cargado con su flauta y tamboril, con los que interpreta desde allí su propia “charrada”, terminando su arriesgado periplo con un emocionado colectivo Padrenuestro de acción de gracias y “Siempre con nivel y de límite el Cielo, siempre adelante en esfuerzo constante y a cumplir otros veinticinco años más, si Dios lo quiere”.

 

Es anecdótico que precisamente el día anterior a ese  extranjerizante Halloween que está colándose en nuestras tradicionales celebraciones impregnadas de respeto y profundos recuerdos para nuestros deudos fallecidos, se manifieste tan singular muestra del más arraigado folclore y nuestras peculiares tradiciones.

No podemos dejar que las costumbres foráneas marginen lo más nuestro, como ese árbol de Navidad que sustituya al tradicional belén, el gordinflón y coloradote Papa Noel en vez de los Reyes Magos, o este pseudo carnaval que nosotros celebramos con todo el rito de disfraces, aleluyas, charangas, domingos “gordo” y de “piñata” y hasta el entierro de la sardina y esa  lucha entre don carnal y doña cuaresma…que da  paso al tiempo de la semana de dolor, devociones y procesiones que comienza con el tradicional Miércoles de Ceniza y la imposición de la ceniza.

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noviembre 12, 2011 - Posted by | Sociedad, Solidaridad

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