Cultura Solidaria

Eso es la verdadera caridad cristiana

ImagenNo está en mi ánimo corregir, o mejor reprimir o sancionar, las ideas del Sr. Moltó Sansigre, pues cada cual es libre de pensar y manifestar lo que le venga en gana, siempre que no ofenda o interfiera en esa misma libertad de los demás, pero sí, y en uso de esa libertad, me permito hacer algunas reflexiones sobre lo afirmado por este periodista, opino que demasiado influido por su manifiesta hostilidad para con la Iglesia Católica.

Por supuesto que los cristianos, a veces, como humanos, que no todos somos santos ni ángeles ni aun siquiera buenos cristianos, o no nos movemos por la caridad, o la practicamos con algún apego a pompas y vanidades, flaquezas y egoísmos, no siguiendo el verdadero mandato divino de que la mano derecha no sepa lo que da la izquierda, o haz el bien sin mirar a quien., pero en pocos casos o en ninguno se hace caridad para echar esa “cortina de humo ante las injusticias sociales” de que habla en su artículo “Caridad cristiana”, quien así obra no es ni caritativo ni buen cristiano.

Pero cuando el Sr. Moltó comenta que sólo dan las migajas del banquete navideño, o ignora, o lo silencia, que hay muchos hogares cristianos que sientan a su mesa a un necesitado, que muchos párrocos llevan a pobres de la parroquia a comer con ellos, y que en todo tiempo y lugar, pero más sensible en estas fechas hogareñas del entrañable slogan “ven pronto a tu hogar, que es Nochebuena y Navidad”, miles de misioneros no sólo sientan en su mesa a los más desvalidos, sino que en lejanas tierras se dan a ellos , entregando esas “migajas”, las que ellos comen, y su casa y su vida, pues al tiempo que les dan Evangelio y conseja y educación, les facilitan agua, vestido, aulas, hospitales, pozos, oficios y herramientas, no ya para hacerles ricos, sino para considerarlos personas libres y con derechos.

Recientísimamente un párroco de nuestra ciudad ha dado hospitalidad a un pobre peregrino, que abusando de la bondad del clérigo le ha sustraído el dinero recogido en las últimas colectas y lo que tenía recaudado de su última publicación que lo destinaba a misiones, lo del falso peregrino es, además de un delito, una canallada, pero lo del párroco, socorrer al necesitado, y donar sus derechos de autor y venta de ejemplares, es “caridad cristiana”.
Dice en uno de sus párrafos que los millones donados por Amancio Ortega suponen menos que lo dado por una pobre señora a un mendigo a la puerta de un supermercado, y yo le digo que lo uno y lo otro son caridad cristiana, pues cada cual en sus posibilidades tiene la obligación moral y el mandato divino de distribuir sus bienes, que Jesús dijo a sus Apóstoles “quien quiera seguirme, coja sus bienes, los distribuya entre los necesitados y me siga”, es decir que cuando se tenga mucho, mucho ha de darse, como hizo el Sr. Ortega, lo que muchos tan pudientes o más no hacen, prefiriendo disiparlo en francachelas, fiestas y bacanales, y lo que sobra llevarlo a paraísos fiscales, pero igual o más valor tiene la pequeña limosna que la señora del mercado da al pobre, que ya dijo Jesús que “un vaso de agua que deis en mi nombre os lo multiplicaré por ciento”, Dios no tiene en cuenta la cantidad, que hay un sabio dicho popular de que “qué poco aprecia Dios el dinero cuando no mira a quien se lo da”..
Esos banqueros, gobernantes, deportistas y artistas que cita el Sr. Moltó no son precisamente lo más significativo de la caridad cristiana, sino tantas veces la personificación de los mercaderes que hacían del templo mercado y Jesús había de sacarlos a latigazos, lo que no quiere decir que entre estos estamentos no surjan, como excepción que confirma la regla, como el citado Amancio Ortega, personas de buen corazón ejercientes de la caridad cristiana.

En su evidente antipatía a la Iglesia Católica habla el periodista Moltó de sacerdotes que visten sotana de Armani y los zapatos papales de Prada, y no sé si por excepción alguno llevará esa vestimenta, que hay sacerdotes de familias pudientes y éstas pueden tener el gusto de regalarles esta prenda, pero, lo primero que ya es prenda en desuso, cuestión que también algún malintencionado ha censurado, por lo de poner en el brete la moneda del César, y por el contrario hemos tenido obispos que en su cristiana modestia y vida ascética la usaban sensiblemente sencilla y raída…, mientras es conocido que todos los sacerdotes de la diócesis han respondido positivamente a la propuesta episcopal de donar para los pobres el diezmo de sus no abultados sueldos, a lo que no nos tienen acostumbrados nuestros políticos, sindicalistas, banqueros y nuevos ricos….

Caridad viene de charitas, que también significa amor (ris) , y eleemosyna (ae), que significa entrega, darse, ponerse en la situación del otro, amar al prójimo como a uno mismo, o como Él nos amó, dando hasta la propia vida por nosotros, incluso por quienes le ultrajaban.
Caridad cristiana es darse a los demás como hacen Cáritas, el Banco de Alimentos, las Hermanitas de los Pobres, las Siervas de María, los Hermanos de la Cruz Blanca, los P P .de San Vicente de Paúl…, tantos hombres y mujeres que dan su tiempo y su vida por el prójimo, al que ni conocen, rezando por todos, curando miserias que ni allegados y familiares atienden, acompañando a enfermos, manteniendo comedores de “caridad”, roperos, orfanatos, casas de recogida…

La solidaridad de la que tanto habla el Sr. Moltó huele más a intereses comunes, a corporativismo, a hoy por ti, mañana por mí, casi a intereses creados, por contraposición a la auténtica caridad cristiana, anónima y silenciada. La caridad cristiana va un paso por delante de la mera solidaridad

Quiere ver demérito el Sr. Moltó en la obra caritativa de la Iglesia, diciendo que en su mayor parte procede de particulares, y, efectivamente, la mayor parte de bienes de la Iglesia procede de particulares cristianos, que son, somos todos los cristianos, Iglesia, y hacen la caridad al modo cristiano, sin aplauso, entrevista, premio o fama.

Para terminar, quisiera añadir a las palabras del Sr. Moltó de que “la caridad no sería necesaria si el sistema fuese justo y equilibrado”, que en eso estoy de acuerdo, como no serían necesarios policías, guardias ni jueces, pero no es el caso, y abundando más diría que tal vez aun en el tan hipotético como fantasmagórico caso de tal edén terrenal, como no sólo de pan vive el hombre, la caridad sería imprescindible para dar compañía, enseñanza, consejo, estima…

Eso, todo eso, es la auténtica caridad cristiana, entrega personal, no sólo, aunque también, el dinero, la atención, la preocupación, los cuidados, la compañía, el aplauso o la educativa reprensión, el consejo, porque ese prójimo desconocido es Jesús, que dice que “lo que hagáis a mis pequeñuelos conmigo lo hacéis”, y “cuando disteis limosna, consejo o compañía a aquel desconocido, era Yo quien lo recibía”.

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enero 2, 2013 - Posted by | Sociedad

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