Cultura Solidaria

Procesiones del siglo XXI y más

semana-santa-granadaQuiero comenzar este mi artículo pidiendo disculpas a D. Jesús Eloy García por tomarle prestado el titular del suyo anterior, al tiempo que advertir al lector de que la coincidencia entre ambos artículos se limita a eso, al titular, pues no estoy de acuerdo en que los sentimientos religiosos y el fervor estén en retirada, ni que la Iglesia pierde feligreses y gana poderío económico, ni que quienes hoy creemos y practicamos, más o menos correctamente, seamos “homo sapiens del siglo XXI”, sino hombres actuales normales y corrientes en todos y cada ambiente o facetas de la vida, también discrepo diametralmente con el citado artículo cuando habla de individuos danzando con trajes de mujer, o alude a la ingestión de coca…

Por supuesto, respeto las creencias y vivencias del Sr. García, como entiendo y deseo que él respetará las mías, que en la diversidad de opiniones se basa la libertad de expresión. Aunque las procesiones, y los cultos religiosos, cada cual las siente y vive a su modo, que son como la feria, que cada cual la vive y cuenta a su manera, yo intentaré razonar mi opinión sobre las procesiones y su sentido hoy.

Procesión, según el Diccionario es “marcha de personas en orden por la calle”, proceder una cosa de otra, sucesión de pasos, viniendo la palabra paso del latín “passo”, sufrimiento, conceptos que en conjunto definen nuestros extraordinarios desfiles procesionales, pues si bien cada región o pueblo tienen su peculiaridad, todas coinciden en eso, marcha de personas en silencio, o rezando, en honor de Jesús, o la persona sagrada procesionada, y siendo principalmente los de la Semana Santa, sucesión de pasos o “sufrimientos” de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Precisamente nuestras procesiones se caracterizan por la piedad, silencio, orden y sobriedad, rezo en las calles que así se hacen templo.

Así queda descartada como finalidad primordial, aunque también lo sean, como efecto colateral, dada la calidad de nuestra imaginería, exposición o museo al aire libre, y aunque los no creyentes, tibios practicantes o indiferentes aprovechen el tirón de visitantes para sus fines económicos, o incluso los políticos lo utilicen como evento cultural y como oferta turística. Y desde luego hay que tener mala intención para asimilarlas a desfiles de carnaval, que aunque personas del pueblo ofrezcan lo mejor de sí, entre ellos sus tradiciones, danzando con trajes de bailes del paloteo, no sólo no femeninos, sino con origen guerrero, aunque su ardor y entusiasmo lo pongan al servicio del Señor, que como a Pedro dice: “Mete tu espada en la vaina, la copa que el Padre me ha dado ¿no la he de beber”? y de estas danzas de origen guerrero, labriego, festivo o de boda, cuidadosamente guardados por generaciones, tenemos bastantes ejemplos en Castilla y en nuestra provincia segoviana; entre ellas la danza que en todo el recorrido de la cuellarana procesión del Niño de la Bola realizan los 8 mozos.

Puedo afirmar que en el Vía Crucis viviente del segoviano barrio de S. José he visto rostros emocionados ante el realismo de los pasos o “sufrimientos” de Jesús, desde el clamoroso recibimiento con palmas y vítores, pasando por el prendimiento, el juicio, los azotes y la vil coronación, el camino con el pesado madero, cayendo tres veces, hasta la culminación de la crucifixión, muerte y resurrección, y he visto el dramático silencio y la oración de familias enteras… Y como antiguo Hermano Mayor de una de nuestras cofradías, podría contar casos de piedad y dolor auténtico, pero valga el caso de un director de banco que nos pidió permiso para entrar el matrimonio bajo los faldones de la carroza y empujar, por supuesto como promesa y en el mayor anonimato, como anónima pidió ser la familia que regaló un precioso y valioso estandarte, y no se trataba de familia que nadase en la opulencia, o como lo son cantidad de donativos recibidos…

He visto rostros llorar de emotiva devoción al paso de estas que el Sr García llama “anticuadas” procesiones, y son millares los que viven con auténtica devoción estas representaciones de los más significativos Misterios, y pienso que con uno sólo que se convirtiese, ya merecería la pena sacar a la calle nuestras más queridas imágenes. No, Sr. García, en nada se parecen las procesiones en que algunos fieles piden por sus necesidades o agradecen favores recibidos, ofreciendo esos posibles “dolores de espalda, cervicales, columna o piés…” que Dios no pide, pero ellos lo dan, en nada se parece a esa empresa que Vd. dice, en que el jefe pidiese o exigiese este personal sacrificio, porque aquí ellos lo ofrecen voluntaria y alegremente, agradeciendo tanto sufrimiento, desaire y desprecio como Jesús sufrió por todos nosotros, y que con las procesiones recordamos.

Pues eso que las procesiones siglo XXI y los Vía Crucis, y los triduos, novenarios, vigilias u otros cultos, son devoción del pueblo, oración y catequesis populares y populosas, que para nada excluyen la oración privada, silente y personal de cada uno, en la calle convertida en templo, o en el más recóndito banco de la iglesia, que Dios no exige protocolo alguno ni necesita salón de recepciones, para recibir a todos y cada uno. Y todo ello en el siglo XXI, y los muchos venideros, porque el Cielo y la Tierra pasarán, pero su Palabra no pasará, ni aun con el egoísmo, el materialismo y el tesón que los no creyentes ponen en quitar la fe y la piedad..

Manuel Fernández Fernández

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abril 5, 2015 - Posted by | Uncategorized

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