Cultura Solidaria

Flipante

autobus-accidentado-en-fuenlabradaNo cesaré de defender la vida humana, sea contra el “legal” aborto voluntario, contra la avisada eufónica eutanasia, o contra los riesgos del tolerado consumo de alcohol o estupefacientes que permitimos cada día más temerariamente madrugador en nuestros jóvenes, adolescentes y “casi” niños.

No cesaré de alegar que la ciencia tiene demostrado que la vida es tan igual, aunque con diferentes manifestaciones, a los deliciosos tres añitos, esos que “te los comes”, que a los 12, cuando tanta desazón nos producen con sus tareas escolares, que a los radiantes y presumidos 20, los setentones del atardecer de la vida, que esos nueve meses del embarazo en que la mamá se empeña en mostrarnos las pataditas que el hijo, el niño, esa vida humana, le da en el abultado vientre, diciendo invariablemente “este va a ser futbolista”…

Es flipante, obnubilante, alucinante, que esas mujeres que quedan embarazadas, en inapreciable porcentaje por violación, que no sienten la llamada de la maternidad, que no hayan evitado ese embarazo, que tantas repiten, voluntaria y “legalmente,” lo eliminen, lo aniquilen, lo “maten”, diciendo que con “su” cuerpo, el de ellas, no el del niño que matan, pueden hacer lo que les venga en gana.

Cuando la ciencia tiene demostrado que desde la concepción ya es vida humana, aunque las leyes lo llamen “persona” con determinada evolución y tiempo, aniquilar, cortar esa vida, es tan matar a un niño, como lo es matarlo al nacer, con los deliciosos tres añitos, o en plenitud, con la sóla diferencia del escándalo o perjuicio social y la sanción judicial que uno u otro caso conllevan.

Igualmente flipante me parece, y no deseo ver tras rejas ni a la abortista ni al drogata, igual digo, de la madre que defiende al hijo conductor de autobuses con niños como pasajeros, que tiene un accidente con síntomas de haber ingerido substancias nocivas, que alteran la personalidad de quien es responsable directo de 50 vidas, y riesgo para los demás usuarios de la vía, pues bien sabe que si en esas horas previas al viaje no las había consumido, si era adicto podría estar influido, ya que la misma madre en su lógica maternal función de abogada defensora, dice “es verdad que mi hijo es muy nervioso, pero es su forma de ser”. No dejan de ser personalidades influidas o degeneradas por el habitual consumo.

Como si tal cosa la madre comenta que su hijo tomó cocaína el viernes en una fiesta, “pero es que consume cualquiera”…, pero, señora, su hijo no es cualquiera, es el responsable directo de 50 vidas de niños que si los padres supieran que, aunque no hubiera ingerido unos días antes, tenía el hábito, no hubieran dejado a sus hijos viajar sin hacer la prueba del espirómetro, aparato que en algún país es obligatorio y los nuevos autobuses de viajeros lo llevan incorporado para si da un mínimo rastro de estupefaciente, el vehículo no arranca.

Me enternece pensar que al joven conductor, en palabras de la madre, “le encantan los niños”, que no lo dudo, pero parece que no tanto como para retirarse del pernicioso hábito, o del peligroso volante.

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febrero 8, 2017 - Posted by | Uncategorized

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