Cultura Solidaria

El abismo de la soledad

“El matrimonio tenía dos hijos: dos muchachos despiertos, inteligentes y resabiados que conocían al dedillo la forma de tratar a sus padres para conseguir lo que se proponían.”

“A menudo recurrían a buscar complicidades unilaterales cuando los padres estaban en desacuerdo, y era tal el acierto con que utilizaban sus trucos que siempre salían victoriosos: “Pero no se lo digas a tu padre”, o bien: “Sobre todo, que no se entere tu madre”. Era una forma cómoda de quitarse los problemas de encima, y de aceptar sin aceptar. O de asentir traicionando. Pero ni el marido ni la mujer se daban cuenta de que aquel sistema no sólo malcriaba a los hijos sino que los iba separando poco a poco de ellos. Estaban demasiado ocupados en organizar su vida con agendas apretadas: reuniones, viajes, estrenos, conferencias o invitaciones de alta sociedad, como para divagar sobre las consecuencias de las minucias de sus hijos.

“Más que comprenderse, se ponían de acuerdo. Y más que intercambiar opiniones, intercambiaban un poco de tiempo. Así fueron distanciándose el uno del otro. Poco a poco fueron entrando en los destructivos arcanos de la rutina. Ese tipo de rutinas que jamás deja paso a la sorpresa y a las suposiciones adversas.

“También los hijos se desligaban de ellos. No es que mediaran animadversiones destructivas: sencillamente se habían acostumbrado a la desunión de los que se consideran unidos por el simple hecho de vivir juntos en la misma casa o por llevar el mismo apellido.

“De pronto ella empezó a sufrir arrebatos de tristezas sin sentido. Eran decaimientos flácidos impregnados de desaliento y como sumergidos en aguas heladas. En realidad ella no sabía con exactitud por qué se notaba tan desalentada, no llegaba a comprender la causa. Tampoco echaba de menos que su marido, siempre tan ocupado, se quedara impávido y no tratara de averiguar qué le ocurría para poder ayudarla. Ella llevaba demasiado tiempo aceptando que su marido jamás se inmiscuyera en sus dominios privados, y él consideraba que lo esencial era actuar como siempre había actuado: con la naturalidad propia que requerían las personas a las que nunca les ocurría nada verdaderamente distinto y agobiante.

“En ocasiones pasaban horas sentados el uno frente al otro en la misma habitación sin dirigirse la palabra. Metidos en sus cosas. O tal vez ideando como zafarse del otro para que el silencio que los estaba atenazando no fuera un silencio compartido sino algo eventual. Así comenzó aquel matrimonio a rozar el terreno de las infidelidades. Fue una transición lenta. Como el hecho de crecer. Nadie se encuentra alto de la noche a la mañana.”

Así describe Mercedes Salisachs en una de sus novelas la vida de un “matrimonio respetable”, que al principio fue feliz pero que fue abandonándose poco a poco. Una vida matrimonial que se había convertido en una yuxtaposición de egoísmos y de soledades autofabricadas.

Como ha escrito Martín Descalzo, no es que todos los solitarios sean egoístas y que se hayan ganado a pulso la soledad. Hay a veces mucha ingratitud que provoca muchas soledades inmerecidas. Pero, las más de las veces, el problema más grave es pensar que el problema está en el otro, o en los otros. Si una persona, al comprobar su soledad, se pregunta: ¿quiénes me quieren?, probablemente nunca saldrá de su soledad. Para vencer la soledad hay que formularse otra pregunta: ¿a quiénes quiero yo? Es preciso poner cariño en el trato con los demás, en lugar de angustiarse reclamando ser querido y valorado. Es el modo de alcanzar remedio a la soledad, porque si uno pone cariño, aunque le parezca que no es correspondido, tarde o temprano acaba siendo querido también.

La insinceridad era otra de las causas de la soledad en aquel matrimonio. Al principio aquella insinceridad estaba en pequeñeces, pero luego fueron cosas más serias. Y, sobre todo, manifestaba cosas más de fondo. Cuando una persona falta a la sinceridad, manifiesta, entre otras cosas, una cómoda tendencia a las soluciones fáciles y limitadas al presente. Se busca salir del paso, evitarse una incomodidad, satisfacer un deseo torpe. Y lo peor es que, normalmente, lleva al final a un callejón sin salida, porque la mentira tiene una validez muy corta, y para mantener la mentira enseguida uno se ve empujado a mentir más, y eso conduce a la soledad de quien está constantemente teniendo que “actuar”.

Por eso decía Jankélévitch que uno de los más duros castigos del mentiroso es la pérdida de su propia identidad. El mentiroso está encerrado en una soledad autofabricada de la que no sabe bien cómo salir. Le cuesta sincerarse, porque piensa que se le viene abajo el edificio de su vida, cuando lo cierto es que la sinceridad es el único modo de reedificarlo.

Alfonso Aguiló

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febrero 13, 2018 Posted by | Familia, Solidaridad | Deja un comentario

La igual dignidad de todas las personas

Sólo el reconocimiento de la dignidad humana hace posible el crecimiento común y personal de todos.  Para favorecer un crecimiento semejante es necesario, en particular asegurar efectivamente condiciones de igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, garantizar una igualdad objetiva entre las diversas clases sociales ante la ley.

También en las relaciones entre pueblos y Estados, las condiciones de equidad y paridad son el presupuesto para un progreso auténtico de la comunidad internacional.  No obstante los avances en esta dirección, es necesario no olvidar que aún existen demasiadas desigualdades y formas de dependencia.

A la igualdad en el reconocimiento de la dignidad de cada hombre y de cada pueblo, debe corresponder la conciencia de que la dignidad humana sólo podrá ser custodiada y promovida de forma comunitaria, por parte de toda la humanidad. Sólo con la acción concorde de los hombres y de los pueblos sinceramente interesados en el bien de todos los demás, se puede alcanzar una auténtica fraternidad universal; por el contrario, la permanencia de condiciones de gravísima disparidad y desigualdad empobrece a todos.

«Masculino» y «femenino» diferencian a dos individuos de igual dignidad, que, sin embargo, no poseen una igualdad estática, porque lo específico femenino es diverso de lo específico masculino. Esta diversidad en la igualdad es enriquecedora e indispensable para una armoniosa convivencia humana: la condición para asegurar la justa presencia de la mujer  en la sociedad es una más penetrante y cuidadosa consideración de los fundamentos antropológicos de la condición masculina y femenina, destinada a precisar la identidad personal propia de la mujer en su relación de diversidad y de recíproca complementariedad con el hombre, no sólo por lo que se refiere a los papeles a asumir y las funciones a desempeñar, sino también y más profundamente, por lo que se refiere a su significado personal.

La mujer es el complemento del hombre, como el hombre lo es de la mujer: mujer y hombre se completan mutuamente, no sólo desde el punto de vista físico y psíquico, sino también ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo «masculino» y lo «femenino» se realiza plenamente lo «humano». Es la «unidad de los dos»,  que permite a cada uno experimentar la relación interpersonal y recíproca como un don que es, al mismo tiempo, una misión: no sólo la procreación y la vida de la familia, sino la construcción misma de la historia.  La mujer es “ayuda” para el hombre, como el hombre es “ayuda” para la mujer» en su encuentro se realiza una concepción unitaria de la persona humana, basada no en la lógica del egocentrismo y de la autoafirmación, sino en la del amor y la solidaridad.

Las personas minusválidas son sujetos plenamente humanos, titulares de derechos y deberes.  A pesar de las limitaciones y los sufrimientos grabados en sus cuerpos y en sus facultades, ponen más de relieve la dignidad y grandeza del hombre. Puesto que la persona minusválida es un sujeto con todos sus derechos, ha de ser ayudada a participar en la vida familiar y social en todas las dimensiones y en todos los niveles accesibles a sus posibilidades.
Es necesario promover con medidas eficaces y apropiadas los derechos de la persona minusválida. Sería radicalmente indigno del hombre y negación de la común humanidad admitir en la vida de la sociedad, y, por consiguiente, en el trabajo, únicamente a los miembros plenamente funcionales, porque obrando así se caería en una grave forma de discriminación: la de los fuertes y sanos contra los débiles y enfermos.  

Se debe prestar gran atención no sólo a las condiciones de trabajo físicas y psicológicas, a la justa remuneración, a la posibilidad de promoción y a la eliminación de los diversos obstáculos, sino también a las dimensiones afectivas y sexuales de la persona minusválida,  también ella necesita amar y ser amada; necesita ternura, cercanía, intimidad, según sus propias posibilidades y en el respeto del orden moral que es el mismo, tanto para los sanos, como para aquellos que tienen alguna discapacidad.

febrero 13, 2018 Posted by | Solidaridad | Deja un comentario

¿En qué situaciones concretas debemos poner límites a la conducta de nuestros hijos?

educacion-hijosCreemos que son muchas las posibles situaciones que en la vida cotidiana se nos pueden plantear. En realidad, es la conducta integral de una persona la que debe someterse a los límites del bien y de la corrección, en todos los ámbitos en los que ésta interacciona: la familia, los estudios, el trabajo y las relaciones sociales.

Lo importante es que los hijos, poco a poco, en su natural proceso de maduración personal, vayan asumiendo como propios y naturales esos límites que hacen posible que podamos convivir en un clima de respeto y armonía. Ahí se demuestra su nivel de madurez: las personas que se rebelan contra el bien moral que la vida les exige cumplir, en el fondo, son personas inmaduras, aunque sean mayores de edad.

Son muy numerosas las posibles situaciones en las que los padres debemos actuar para marcar unos límites a la conducta de los hijos. Vamos a señalar las que creemos que son más habituales y más importantes:

• Niños que insultan, pegan, arañan o muerden a otros.
• Niños que contestan o insultan a sus padres: eso es algo que jamás debemos consentir.
• Niños que pegan a sus padres, y éstos les ríen la gracia (“Total, como son pequeñitos y no saben lo que hacen…”)
• Niños que no dejan a los demás jugar con sus cosas.
• Niños que piden las cosas de mala manera y con exigencias.
• Faltas de respeto y obediencia a los profesores.
• Falta de respeto a las personas mayores en general.
• Maltratar o abusar de otros niños más débiles desfavorecidos en el colegio.
• Dramas y discusiones a la hora de comer: hay niños que se niegan a comer solos; otros que no lo hacen si no les pones unos dibujos animados; otros que solo comen lo que les gusta; otros que protestan airadamente cuando la comida que toca hoy no les gusta; otros que comen cuando les da la gana a ellos; otros que se atiborran de chuches y luego no tienen hambre……
• Tenemos visita en casa y el niño se pone a alborotar y a portarse de manera inhabitual para llamar la atención y demostrar que está ahí.
• La pesadilla que puede suponer el tener que ir con él de compras al supermercado o bien a Misa, o de tener que esperar un rato en la sala de espera del médico…
• Tiene dos o tres añitos y no hay manera de que se eche la siesta después de comer.
• Toca cosas que sabe que no debe (la cocina, el DVD, las herramientas…)
• Llega la hora de acostarse y no quiere: se hace el remolón y te pide que le cuentes catorce cuentos; luego, una vez acostado, sale cinco o seis veces a decirte que quiere agua, que tiene miedo, a preguntarte qué vamos a comer mañana, dónde está el osito de peluche…
• Aparece como por arte de magia a mitad de la noche en la cama de los padres.
• Interrumpe las conversaciones de los mayores.
• Nos metemos en el coche y empieza la guerra con sus hermanos (sobre todo en los trayectos largos) y nosotros nos vamos poniendo más y más nerviosos…
• Organiza auténticos dramas por tener que separarse de mamá cuando ésta se va a trabajar y le deja en casa o en la guardería.
• Tensiones por la mañana, porque el niño no hace lo que él sabe perfectamente que se debe hacer (vestirse solo, desayunar en el tiempo previsto…), y nos ponemos más y más nerviosos porque no llegamos al trabajo o al colegio.
• No es capaz de cortar con la tele o los videojuegos, y los pide a todas horas.
• Exige a sus padres que le compren muchas cosas innecesarias.
• Los deberes escolares: son lo primero que se debe hacer por la tarde al llegar a casa después de merendar. No se debe permitir que los hagan en otro momento, por mucho que nos pida “¿Por qué no puedo jugar un poco y luego hago los deberes?”
• Se porta mal en clase y los profesores se quejan de su conducta.

Pablo Garrido

enero 29, 2018 Posted by | educación, Familia, Solidaridad | Deja un comentario

¿Se ha convertido el matrimonio en una unión sentimental de usar y tirar?

matrimonio verdadero

The Family Watch es un observatorio que, a partir del análisis de la realidad social de la familia, y desde una perspectiva interdisciplinar, se dedica a la elaboración de estudios, propuestas e iniciativas, para que la familia sea mejor conocida, y reciba el tratamiento y la atención adecuados a las funciones que desarrolla en la sociedad.

Ha desarrollado un informe titulado: ‘El matrimonio: ¿Contrato basura o bien social?’, elaborado por el Instituto Internacional de Estudios sobre la Familia, en el que señala que las medidas legislativas referidas a la familia, como la ley del divorcio, demuestra una “falta de protección” de la familia, y que el matrimonio ha sido reducido a una “pura legalidad, a un papel”, según el director del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra.

Fuente: Clemente Ferrer

El estudio recoge las ponencias de unas jornadas en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación en las que participaron expertos en los derechos de la familia y de ámbitos de la Sociología o la Antropología, y ha sido presentado por el presidente de ‘The Family Watch’, Carlos Martínez de Aguirre (en la imagen) que explicó que el informe no propone soluciones a las reformas llevadas a cabo, son “reflexiones e ideas en orden a las soluciones que se pueden tomar”.

Una de las causas que “no dejan” a la familia actuar es el acrecentamiento de los divorcios y las separaciones, según Martínez de Aguirre, para quien lo que debe hacer la legislación es tomar “medidas preventivas” para resolver “las crisis en las familias”.

Respecto al título del informe, ‘El matrimonio: ¿Contrato basura o bien social?’, comentó que se refiere a una contraposición “provocadora”, ya que la legislación actual trata al matrimonio como un “contrato basura, del que se puede desvincular después de tres meses sin alegar ninguna causa justa”, en contra de cómo lo considera el ciudadano, “un bien social apreciadísimo”.

En ese sentido se pronunció el director del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra, quien apuntó que es “más fácil divorciarse que darse de baja en Internet, por ejemplo”. De esta forma, según dijo, la legislación sobre el matrimonio es “una cáscara vacía”, y “ya no hay nada exigible en el matrimonio”. “Basta con pasar con ventanilla y ya está”, apuntó.

Además, también manifestó que el derecho está “echando a un lado” a la familia, y que la jurisprudencia está cumpliendo el papel que le corresponde a la primera.
El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia. Chesterton, Gilbert Keith.

enero 29, 2018 Posted by | Ecología, Familia, Sociedad, Solidaridad | Deja un comentario

Origen, esencia y futuro de Europa

ILUSTRACIONAunque el mundo griego y el imperio romano ponen los antecedentes, en Occidente, el paso decisivo hacia lo que hoy consideramos Europa está en la formación del Sacro Romano Imperio con Carlomagno. La caída en 1453 del Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla, y su «traslado» a Moscú como «tercera Roma» dio una nueva configuración a Europa. Oriente y Occidente tienen muchos elementos comunes, pero hay una profunda diferencia. En Oriente, el Imperio y la Iglesia aparecen casi identificados entre sí. En Roma, desde el siglo V, se enseña que el Emperador y el Papa tienen poderes separados. Esta diferenciación de poderes es algo muy occidental. La pretensión, en ambas partes, de poner el propio poder sobre el otro, causará muchos conflictos. Hoy sigue siendo difícil establecer el modo correcto de vivir esta diferenciación.

Posteriormente los momentos relevantes de la Europa moderna hay que situarlos en la Reforma protestante, la Revolución francesa y la Colonización. La Reforma divide Europa en una mitad latino-católica y otra germánico-protestante. Esta se subdivide en diversas Iglesias de Estado, contra las que reaccionan las iglesias libres que buscan refugio en Norteamérica. Con la Revolución francesa se rechaza la fundación sagrada de la historia y de los Estados; el Estado puramente secular, basado en la racionalidad y en la voluntad de los ciudadanos, relega la religión al ámbito privado y sentimental.En los países latinos se da una profunda división entre «cristianos» y «laicos».

Con la Colonización, el triunfo del mundo técnico y secular europeo y de su modo de vivir y pensar, es seguido, en Asia y África, por la impresión de que la cultura europea está agotada. El Islam piensa que puede ofrecer una base espiritual a una vieja Europa que niega sus fundamentos religiosos y morales. En la hora de su máximo éxito político y económico, Europa parece condenada a la decadencia, vaciada por dentro, sin fuerza espiritual y sin niños, forzada a someterse a unos trasplantes que anularían su identidad.

A estos dos modelos se unió, en el siglo XIX, el socialismo: en su forma democrática ha servido de saludable contrapeso a las posturas liberales radicales de los dos modelos existentes. Sin embargo el socialismo totalitario, con su filosofía de la Historia materialista y atea, rechaza la religión como reliquia del pasado; con un dogmatismo intolerante afirma que el espíritu es producto de la materia y que la moral depende de las circunstancias y fines de la sociedad, lo cual supone una ruptura con la tradición moral de la Humanidad. Sin valores independientes de los fines del «progreso», en un momento dado todo puede permitirse o ser necesario, «moral» en un nuevo sentido.

Aunque los sistemas comunistas han fracasado existe una  secuela catastrófica: la desolación de los espíritus, la destrucción de la conciencia moral, el desprecio del hombre. Esta herencia del marxismo sigue vigente y puede conducir a la autodestrucción de la conciencia europea, porque cancela las certezas humanas sobre Dios, el hombre y el universo, y liquida la conciencia de unos valores morales objetivos.

En otro orden de cosas el cristianismo y la Ilustración que es otro fundamento ideológico de la Europa moderna,  no se contraponen. El cristianismo es genuinamente «laico» porque defiende la libertad religiosa y niega al Estado el derecho de considerar la religión como parte del orden estatal. En este sentido, la Ilustración es de origen cristiano; de hecho ha nacido en ámbito cristiano. Allí donde el cristianismo, contra su naturaleza, se había vuelto religión de Estado, la Ilustración ha tenido el mérito de recordarle algunos de sus valores originales. 

Los dos temas característicos de la cultura ilustrada son la racionalidad «científica» y la libertad. El cristiano no quiere ni puede renunciar a estos dos importantes valores de la Ilustración (que por lo demás no le son ajenos), pero, son ya evidentes los límites y contradicciones de «esta» racionalidad y de su mal definida concepción de la libertad.

La razón encontrará más luz si escucha a las grandes tradiciones religiosas. Los diez mandamientos expresan, en la tradición bíblica, exigencias de nuestro ser hombres, que también están presentes en las grandes tradiciones éticas de otras religiones. Una libertad orientada por la verdad de lo que somos podrá construir personas y sociedades dignas, y la Europa que, en el fondo, todos deseamos.

enero 22, 2018 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

¿Qué es el relativismo ético?

familia tres hijosSi los principios o valores que rigen la convivencia social y que informan el contenido de las normas jurídicas se justifican únicamente como expresión del sentir colectivo, si este sentir cambia, cambiarán también los principios. Los defensores del relativismo ético y jurídico niegan la existencia de unos principios universales de justicia radicados en la naturaleza de los hombres, y todo lo confían a la opinión y sentir mayoritarios.

El relativismo ético o moral, el más extendido actualmente, suele admitir la existencia de un ser absoluto, también suele admitir que haya verdades incondicionadas, pero niega la capacidad del hombre para conocer unos criterios de comportamiento correctos universales. Al menos en Occidente, la gran mayoría acepta la existencia Dios, pero niega la existencia de una moral objetiva común para todos los hombres. Nosotros Este relativismo ético, no sólo  es el más extendido, sino que además afecta directamente a la fundamentación del derecho y de la vida política.

Si los valores sólo se “justifican” por referencia a las emociones, no hay manera de llegar a un acuerdo racional sobre la superioridad de unos valores sobre otros. Habrá sólo conflicto de intereses, que se resolverán según la regla de la mayoría. No tendría sentido intentar demostrar nada a nadie. Semejante pretensión sería tan absurda como intentar demostrar, pongamos por caso, que el gazpacho es mejor que la paella. Si es cuestión de gustos, cada cual tendrá los suyos, y ninguno de ellos será mejor que el resto. Todos serán igualmente legítimos. Quien intente imponer el suyo será un avasallador, dogmático e intolerante.

Como consecuencia del relativismo ético se llega a situaciones verdaderamente ridículas, donde según las preferencias de un grupo, se alterará llamativamente la jerarquía de valores. Por ejemplo, llama la atención la campaña sistemática antitabaco, que parece una verdadera persecución contra el fumador, en contraste con la libertad con que se administra la píldora abortiva, incluso a menores. Se obliga a poner en los paquetes de tabaco “el tabaco mata”, lo cual es cierto, pero mucho más verdad es que la píldora abortiva también puede matar, pero no lo advierten, y mata a un inocente que no tiene culpa de nada, y que ni siquiera fuma… Dicho de forma un poco más coloquial: con el relativismo ético, colamos un mosquito y nos tragamos un camello.

Relacionado con lo anterior, otra consecuencia es el sentimentalismo, que algunos llaman buenismo, y que se difunde cada vez más, incluso desde la infancia, a través de los dibujos animados. Se va extendiendo la idea de que aquí todo el mundo es bueno, haga lo que haga: el adúltero, el mentiroso, el impío… La sensibilidad “moral”, en cambio, se dispara ante actuaciones de lo más inofensivas. Cada género de vida se presenta como una opción igualmente legítima que su contraria. Se aplaude la diferencia como valor por excelencia, con independencia de lo que defienda cada cual. “Yo soy pro life”, “Pues, yo soy pro choice”, “¡Qué guay, qué bonito es que seamos diferentes!”. Y así con todos los temas morales.

Lo más grave de todo esto es que el relativismo produce un desorden en los amores. Y, al contrario de lo que sucede en los números, el orden en los amores sí que altera el producto. Hay gente que ama más a su cuerpo, que a su hijo; a su perro o a su gato, que a sus padres; a sus compañero de trabajo más que a su marido; o a su coche más que a su esposa… Desde el relativismo no hay manera de impedir esta alteración de los valores, antes bien, con él se justifica.

enero 22, 2018 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

Una huella imborrable dejan los abuelos en las almas de sus nietos

abuelos y nietosLa investigación; “La Generación de la Transición; entre el Trabajo y la Jubilación”, desvela que hace milenios de años, el modelo familiar “incluía no sólo a un padre y a una madre, que se ocupaban de la buena crianza de los hijos; también había una abuela que les ayudaba en esta tarea. 

Los abuelos trabajan de sanitarios, guardianes y preceptores de sus nietos. Hacen posible que muchas mamás se puedan integrar al mercado de trabajo. Algunas familias marchan mejor gracias a los abuelos. Y en tiempos de inestabilidad económica, estos gestos tienen mayor importancia.

Uno de los datos más preocupantes del censo, en Estados Unidos, es el creciente número de menores que han de ser sustentados por sus abuelos: 2,4 millones de abuelos se encargan del adiestramiento de 4,4 millones de nietos. El semanario The Economist informa que un tercio de estos abuelos, cabeza de familia, no habían terminado la enseñanza secundaria y que el 62% no habían pasado por la universidad. El 70% sobrepasaba los 50 años, mientras que el 70% de los menores tenía alrededor de 11 años.

La comunidad afroamericana es de las más golpeadas. Si bien de los menores de 18 años, un 70,9% de los que son hijos del cabeza de familia son blancos y un 13,3% negros en el caso de los nietos del cabeza de familia, el 48,6% son blancos y el 32,3% son negros.

La Academia Americana de Psiquiatría para Niños y Adolescentes explica las causas de esta sobrecarga para los abuelos: aumento de familias con un solo padre, alta tasa de divorcios, embarazos de adolescentes, incapacitación de los padres por prisión, alcoholismo, consumo de drogas y violencia doméstica.

Los abuelos se enfrentan al desgaste psíquico y físico que les supone fatigarse con chicos especialmente difíciles por provenir de hogares rotos. El estrés y la fatiga, ligados al trabajo que origina la responsabilidad, son los principales indicios del síndrome de la “abuela esclava”.

Existen programas dirigidos a la ayuda de los abuelos que deben educar a sus nietos. El servicio más demandado es una prestación económica para que puedan contratar un asistente temporal durante las vacaciones. Aparte de estas ayudas, deberíamos erigir un monumento a los abuelos.

Clemente Ferrer

enero 22, 2018 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

El atractivo de la virtud y del bien

hacer bien las cosasA veces uno tiende equivocadamente en su interior a etiquetar como desagradables, por ejemplo, determinadas personas, o determinadas tareas, o determinados aspectos relacionados con la mejora del carácter, y no se da cuenta de hasta qué punto le perjudican esos vínculos mentales que se han ido estableciendo en su mente, de manera más o menos consciente.

Ante posibles puntos concretos de mejora personal que advertimos en nuestra vida (vemos, por ejemplo, que deberíamos ser más pacientes, o menos egoístas, más ordenados, menos irascibles, o lo que sea), es frecuente que tendamos a ver esos objetivos como metas muy lejanas, o como algo poco asequible a nuestras fuerzas. Lo vemos quizá como avances apetecibles, sí, pero que alcanzarlos requeriría tal esfuerzo que sólo pensarlo nos produce ya un profundo rechazo. Lo percibimos como algo fatigoso y agotador, que nos llevaría a un estilo de vida de demasiada tensión.

Sin embargo, la mejora personal no supone ni exige eso. Al menos, de modo ordinario no tiene por qué plantearse así. El avance en el camino de la mejora personal ha de entenderse y abordarse más bien como un proceso de liberación. Un progreso gradual en el que vamos soltando día a día el lastre de nuestros defectos. No una extenuante subida a un interminable puerto de montaña, sino un progresivo alivio de la carga de nuestros errores, un desahogo paulatino de la causa de nuestros principales problemas. Por eso, aunque siempre habrá también retrocesos, pequeños o grandes, si logramos en conjunto mejorar, nos encontraremos cada vez con más autonomía, avanzaremos con más soltura y nos sentiremos mejor. Cada hombre debe adquirir el dominio de sí mismo, y ése es el camino de lo que Aristóteles empezó a llamar virtud: la alegría y la felicidad vendrán como fruto de una vida conforme a la virtud.

Si nos fijamos más, por ejemplo, en lo positivo de una determinada persona, o en el reto que supone tener ordenado el armario o el despacho, o incluso en lo apasionante que puede llegar a ser, tanto para un hombre como para una mujer, cocinar, mantener limpia la casa, o educar a los hijos…, si nos esforzamos por verlo así, el camino se hace mucho más andadero.

Podría objetarse que eso no es difícil de hacer…, pero durante unos minutos, o incluso unos días. Pero, ¿cómo impedir que al poco tiempo se vuelva a lo de antes? Puedo esforzarme, por ejemplo, por variar mi humor durante un rato, que no es poco, pero… ¿cómo mantenerme así y llegar a ser una persona bienhumorada?

Un camino es esforzarse en cambiar la imagen que se nos presenta en la mente al pensar en esas cosas. Por ejemplo, en vez de representar en la imaginación lo apetitoso que resulta lo que no deberías comer o beber o hacer, procura pensar en lo atractivo y liberador que resulta ser una persona sana y honesta, y logra que esas representaciones tomen un mayor espacio en tu imaginación.

O si te invaden pensamientos relacionados con el egoísmo, la pereza o el la mentira, procura suscitar la imagen de ser una persona generosa, diligente, sincera y leal, y recréate un poco en la contemplación de esos valores y esas virtudes que has de desear ver en tu vida. Incluso, si quieres, recréate también en lo desagradable que resultaría convertirse poco a poco en una persona egoísta, perezosa o desleal, y compara una imagen con otra.

¿Es importante esto? Pienso que sí. Si una persona logra formarse una idea atractiva de las virtudes que desea adquirir, y procura tener esas ideas bien presentes, es mucho más fácil que llegue a poseer esas virtudes. Así logrará, además, que ese camino sea menos penoso y más satisfactorio. Por el contrario, si piensa constantemente en el atractivo de los vicios que desea evitar (un atractivo pobre y rastrero, pero que siempre existe, y cuya fuerza nunca debe menospreciarse), lo más probable es que el innegable encanto que siempre tienen esos errores haga que difícilmente logre despegarse de ellos.

Por eso, profundizar en el atractivo del bien, representarlo en nuestro interior como algo  alegre y motivador, es algo mucho más importante de lo que parece. Muchas veces, los procesos de mejora se malogran simplemente porque la imagen de lo que uno se ha propuesto llegar no es lo bastante sugestiva o deseable.

Alfonso Aguiló

noviembre 22, 2017 Posted by | Sociedad, Solidaridad | Deja un comentario

La amabilidad y el desprendimiento son básicos en la relación amorosa

amor paciente y servicial

Amar  es volverse amable pues el amor no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos. Detesta hacer sufrir a los demás. Como parte de las exigencias irrenunciables del amor, todo ser humano está obligado a ser afable con los que lo rodean. Cada día, entrar en la vida del otro, incluso cuando forma parte de nuestra vida, pide la delicadeza de una actitud no invasora, que renueve la confianza y el respeto. El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el respeto de la libertad y la capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón.

Para disponerse a un verdadero encuentro con el otro, se requiere una mirada amable puesta en él. Esto no es posible cuando reina un pesimismo que destaca defectos y errores ajenos, quizás para compensar los propios complejos. Una mirada amable permite que no nos detengamos tanto en sus límites, y así podamos tolerarlo y unirnos en un proyecto común, aunque seamos diferentes. El amor amable genera vínculos, cultiva lazos, crea nuevas redes de integración, construye una trama social firme. Así se protege a sí mismo, ya que sin sentido de pertenencia no se puede sostener una entrega por los demás, cada uno termina buscando sólo su conveniencia y la convivencia se torna imposible.

Una persona antisocial cree que los demás existen para satisfacer sus necesidades, y que cuando lo hacen sólo cumplen con su deber. Por lo tanto, no hay lugar para la amabilidad del amor y su lenguaje. El que ama es capaz de decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan.

Para amar a los demás primero hay que amarse a sí mismo. Sin embargo, el amor no busca su propio interés, o no busca lo que es de él. Una cierta prioridad del amor a sí mismo sólo puede entenderse como una condición psicológica, en cuanto que quien es incapaz de amarse a sí mismo encuentra dificultades para amar a los demás.

Pero  pertenece más a la caridad querer amar que querer ser amado, de hecho, las madres, que son las que más aman, buscan más amar que ser amadas. Por eso, el amor puede ir más allá de la justicia y desbordarse gratis, sin esperar nada a cambio,  hasta llegar al amor más grande, que es dar la vida por los demás . ¿Todavía es posible este desprendimiento que permite dar gratis y dar hasta el fin? Seguramente es posible, porque es lo que pide el Evangelio: “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” .

Fuente: amoris laeticia

noviembre 22, 2017 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

¿Qué es nuestra mente?

mente no es solo cerebroLa investigación del cerebro solo puede mostrar una red débil de condiciones necesarias, pero no suficientes para la conciencia. Las neuronas son componentes del cerebro, no de la mente, y sus respuestas a estímulos, a través de moléculas de señalización, son de tipo electroquímico, no una actividad causal que explique la conciencia.

Lo cierto es que, a principios del siglo XXI, la neurociencia parece discurrir por un derrotero muy parecido al que siguió la genética a principios del siglo XX. Con los avances de la neurociencia se está creando un nuevo determinismo, como el que se produjo con el conocimiento de las leyes de la herencia de los genes tras el redescubrimiento en 1900 del trabajo de Mendel (1822-1884,) que supuso el nacimiento de la Genética. Fue tal la repercusión del conocimiento de las leyes de la herencia biológica que se pasó a ver en los genes los responsables de todo, no solo de los rasgos físicos y fisiológicos, sino también los dueños de nuestro comportamiento. Pues no. Muchas de las acciones que hacemos como humanos, y sobre todo las que atañen al comportamiento, bondad, agresividad, instinto abusivo, naturaleza depresiva, etc. no las determinan nuestros genes sino que se adquieren.

Como bien señaló David Hume (1711-1766), al nacer «la mente humana es una pizarra vacía en la que la experiencia va grabando sus signos». Nuestra forma de ser y obrar en la vida, fruto de nuestra conciencia y voluntad, no tienen que ver con el ADN, sino que forman parte de lo que llamamos personalidad, que es algo que el filósofo español Xavier Zubiri (1898-1983) definía como el precipitado que deja en cada persona el contenido de los actos que va ejecutando a lo largo de su vida
La realidad es que ni los genes lo determinan todo en el ser humano, y menos su conciencia, ni el sistema nervioso es el responsable de nuestros actos, sino en todo caso al revés, su brazo ejecutor. De modo que además de con lo que se nace, nuestros genes, nuestras células y entre ellas las neuronas, influye en cada persona humana aquello que se hace bajo el dominio de la razón.

Sin embargo, hay un empeño por parte de algunos neurocientíficos, animados por investigadores de las ciencias de la computación, por equiparar nuestra inteligencia natural a la inteligencia artificial, y reducir lo mental a lo cerebral, y por tanto subordinar el espíritu a la materia corporal. Esto, más que ciencia sería reduccionismo y filosofía materialista que además es extremadamente nihilista, porque se basa en que todo, hasta la conciencia es materia, con lo que se niega lo más genuino del ser humano acorde con la definición de Boecio sobre la persona: «sustancia individual de naturaleza racional».

Tampoco se puede negar la conciencia como motor de nuestros actos, por el mero hecho de que se puedan topografiar las regiones del cerebro implicadas en distintas tareas, como el habla, la memoria, la vista, el olfato, etc. Como bien señala el Dr. José Luis Velayos, catedrático de Neuroanatomía, «la mente no puede ser una “secreción” del cerebro, ya que de lo material no puede surgir lo inmaterial… A pesar del gran desarrollo de la neurociencia, no se ha conseguido llegar a la comprensión del funcionamiento global del cerebro… se necesita aunar esfuerzos con otras ramas del saber, para llegar a una mejor comprensión del asunto… la ciencia experimental está abocada a una integración multidisciplinar en que estén incluidas las ciencias no experimentales. Así, la concepción unitaria, aristotélica, del ser humano, aunque cueste reconocerlo, volverá a tener vigencia».

Si el cerebro fuese un aparato que dictase nuestras decisiones ¿dejaríamos de ser seres pensantes?, ¿qué determinaría la personalidad?, ¿por qué esta ha de ser diferente entre gemelos idénticos?, ¿serían solo impulsos eléctricos lo que nos induciría hacia el esforzado aprendizaje de una habilidad intelectual como resolver ecuaciones matemáticas complejas, lograr la perfección con un instrumento musical o llegar a ser un buen maestro, o un buen escritor, filósofo o científico?

Si el cerebro fuese el único dueño de todas estas capacidades, nuestros actos serían solo el fruto de un sustrato que respondería siempre de forma automática y habría perdido su sentido el esfuerzo, la voluntad y todas las demás facultades relacionadas con el deseo de progresar o adaptarse al medio en que vivimos. Y si el cerebro actuase solo en función de estímulos ambientales quedaría invalidada la voluntad personal, la conducta exploratoria como medio de aprender y progresar en el conocimiento y el deseo de vivir la vida de forma personal.

Si el cerebro fuese el dueño de nuestros actos ¿cómo moldear la conducta?, ¿cómo abordar las neurosis, las depresiones o los desórdenes sociales?, ¿tendrían sentido los psiquíatras?, ¿tendría sentido la psicología?, ¿tendría sentido el yoga?, ¿seríamos responsables de nuestros actos?…

Nicolás Jouve 

noviembre 22, 2017 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario